«The Beginning of Everything» es una nueva historia de la humanidad que pone en duda muchas creencias arraigadas. Según su autor, David Wengrow, nuestra visión estrecha de la historia limita la imaginación política.
La visión tradicional
Cuando los humanos prehistóricos vivían en pequeños grupos como cazadores‑recolectores, podían coexistir pacíficamente sin dominación. Los conflictos mayores y la violencia a gran escala eran escasos y no existía la propiedad privada. Con la aparición de la agricultura surgieron los primeros grandes terratenientes, las ciudades y, pronto, gobernantes autocráticos. Así nacieron la desigualdad, la violencia a gran escala y la opresión, pero también la escritura, la aritmética, la cultura y la tecnología más compleja: en resumen, la civilización.
Esta es la narrativa dominante de autores como Steven Pinker, Jared Diamond y Yuval Harari, y también la base del optimismo de Rutger Bregman («La mayoría de la gente es buena»).
Una historia alternativa
“En la prehistoria también existieron formas complejas de sociedad, ciudades completas sin autoridad central”, afirma David Wengrow en el vestíbulo de un hotel de Ámsterdam. “La escritura y la agricultura a gran escala no fueron necesarias; decenas de miles de personas vivían pacíficamente y, me atrevo a decir, de forma democrática, sin príncipes, sin opresión y sin guerras”.
Wengrow, arqueólogo (nacido en 1972), colaboró durante más de diez años con el antropólogo David Graeber (1961‑2020) en un libro que presenta una línea narrativa completamente distinta. Graeber, profesor en la London School of Economics y uno de los fundadores de Occupy Wall Street, falleció poco después de terminar la obra. Wengrow, ahora profesor de arqueología comparada en University College London, recorre el mundo presentando su mensaje, que ya se ha convertido en bestseller en varios países.
Escalamiento sin opresión
Una de sus proposiciones centrales es que el crecimiento en la prehistoria no siempre condujo a la desigualdad. ¿En qué se basa?
“Tenemos abundante evidencia de sociedades de cazadores‑recolectores donde la agricultura aún no se había introducido, por ejemplo en Oriente Medio, donde grandes poblaciones vivían sin jerarquías claras. En América, los sitios monumentales de Louisiana muestran ciudades de miles de habitantes mucho antes de la agricultura y sin gobernantes”.
¿Agricultura y libertad?
Cuando aparece la agricultura, ¿las personas siguen siendo libres?
“El relato tradicional afirma que la agricultura siempre genera propiedad privada e inequidad, pero eso no es del todo cierto. Sabemos que la domesticación de plantas surgió de forma independiente en al menos diez regiones del mundo, y sus consecuencias fueron diversas. En algunos lugares condujo a ciudades gobernadas por familias aristocráticas (por ejemplo, partes de China), mientras que en muchas otras regiones –como el este y sur de Asia– la agricultura favoreció culturas más igualitarias que las que las precedían”.
Ausencia de autoridades centrales
Si no hallamos rastros de gobernantes, ¿cómo estar seguros de que no existían?
“Los arqueólogos comparan sitios. Cuando una autoridad autocrática está presente, suele dejar evidencias conspicuas: palacios, inscripciones, símbolos de poder. En Egipto, por ejemplo, los faraones se aseguraron de que su presencia fuera imposible de pasar por alto”.
Primeras formas de democracia
¿Hay pruebas de sociedades tempranas con rasgos democráticos?
“En la actual Ucrania se han descubierto enormes ciudades prehistóricas mediante radar y reconstrucciones digitales, sin necesidad de excavaciones extensas. Estas ciudades, de forma circular, carecían de palacios o templos; cada distrito tenía su propia plaza central y funcionó así durante al menos 800 años, sin líderes o familias dominantes”.
“En Mesoamérica, la megaciudad multiétnica de Teotihuacán albergó a más de cien mil habitantes, comparable con la Roma imperial. Las excavaciones revelaron que todos vivían en edificios compartidos tipo ‘palacio’, con espacios comunes para cada sector. Aunque podían existir desigualdades de género o edad, no había una autoridad central”.
De dónde provienen estas evidencias
¿De dónde surge toda esta nueva información?
“Nuestro relato es nuevo, pero los datos provienen de fuentes científicas consolidadas. Los arqueólogos ya conocen gran parte de esta evidencia; simplemente no se había integrado en la narrativa dominante”.
¿Por qué el público en general no ha oído hablar de matriarcados o ciudades prehistóricas democráticas?
“Muchos de estos estudios están detrás de muros de pago en revistas especializadas y los especialistas no siempre comunican sus hallazgos de forma accesible. Además, los paradigmas arraigados –como la asociación entre agricultura, tenencia de la tierra y opresión– actúan como anteojeras que limitan la visión”.
¿La historiografía también sigue una única dirección?
“Sí, pero la evidencia que cuestiona el paradigma se acumula. Llegamos a un punto de inflexión donde los datos incompatibles con la narrativa tradicional hacen que el paradigma se vea inestable. Por ejemplo, la idea de una ‘revolución agrícola’ o el origen del Estado ya no se sostienen a la luz de las investigaciones de las últimas décadas”.
Los escépticos dirán que es un pensamiento ilusorio.
“Creo que son los libros de historia existentes los que imponen una visión ideológica y subordinan los hechos a ella. Nuestra propuesta está respaldada por evidencia científica indiscutible. Mostrar que la historia temprana de sociedades complejas es más rica y diversa nos obliga a ampliar nuestra imaginación para entender tanto el pasado como nuestro presente”.
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