En medio de un nuevo confinamiento y de emociones a flor de piel, el temor no solo se centra en el virus, sino también en la posible desintegración de la sociedad.
Marc Slors, filósofo cognitivo
«La confianza básica entre las personas es un requisito mínimo para que una sociedad se mantenga unida. No es necesario estar de acuerdo en todo. Las diferencias de opinión –por ejemplo, sobre las medidas contra la covid o la vacunación– no tienen por qué socavar la cohesión siempre que exista un número suficiente de aspectos en los que no nos cuestionemos mutuamente. Compartir asuntos triviales como la rutina diaria, las costumbres o los modales genera previsibilidad y reduce la desconfianza fundamental. Por eso es esencial seguir viéndonos cara a cara; el contacto directo evita que el otro se vuelva anónimo, y la anonimidad favorece la desconfianza y la agresión, como se ve en la carretera.»
Rina Knoeff, historiadora de la medicina
«Identifico tres problemas graves. Primero, la solidaridad se ha erosionado; suele entenderse como ayuda puntual, pero debería centrarse más en la solidaridad vecinal y comunitaria. Los estudios históricos demuestran que las comunidades locales cohesionadas manejan mejor la enfermedad, el duelo y el cuidado. Por tanto, debemos invertir de forma «bottom‑up» en iniciativas locales, actividades juveniles y mediadores de barrio.
Segundo, el gobierno ha perdido autoridad moral, lo que impide que sus normas sean respetadas. ¿Cómo confiar en un gobierno que incumple sus promesas y desaparece datos cuando le conviene?
Tercero, la amenaza del "código negro" se lanza sin que la ciudadanía comprenda su significado ni los dilemas subyacentes. Estas cuestiones morales deben debatirse públicamente, invitando a humanistas –filósofos, éticos, historiadores– a los programas de debate para que expliquen los dilemas y fomenten la discusión necesaria.»
Marie Rosenkrantz Lindegaard, antropóloga
«Considero que la idea de que la sociedad se está desmoronando es una forma de pánico moral. Nuestro estudio de video sobre el cumplimiento de las medidas mostró que la mayoría de los ciudadanos las respetan. La tasa de vacunación es alta y comparable a la de Dinamarca, donde se habla de unidad y de ser "campeones mundiales de la vacuna".
El grupo que se niega o no puede cumplir con las medidas es reducido y no representa a la sociedad en su conjunto. En los videos de los llamados disturbios por covid, observamos ciudadanos que, en la calle, reducían la tensión y mostraban comprensión, evitando que los conflictos escalaran.
Mi respuesta a la pregunta "¿Cómo mantener la cohesión social?" es: enfatizar la unidad, la interconexión y una identidad compartida de "campeones mundiales de la vacuna", que refleja mejor la realidad empírica.»
Kenny Meesters, especialista en gestión de desastres
«Es conocido que, a medida que avanza una crisis, los intereses divergen. En la fase inicial predomina la solidaridad y un objetivo claro; con el tiempo, la presión en salud, educación, ocio y contacto social obliga a sopesar prioridades, generando conflictos. Después de la crisis persisten preguntas sobre la distribución de apoyos y posibles cambios estructurales.
Para cultivar la comprensión, es clave aclarar los dilemas existentes. La información no solo debe estar disponible, sino ser accesible y vinculada a la experiencia cotidiana: ¿cómo afecta la covid a un restaurante típico? ¿qué vive un paciente promedio? ¿qué pasa con el personal de un hogar de ancianos?
El mundo no es blanco o negro, y la mayoría de la gente lo sabe. Pero debemos ayudar a la gente a ponerse en el lugar del otro. Iniciativas como la guía de votación del NOS, con videos de personas que tomaron decisiones opuestas, demuestran cómo recuperar la matiz y la comprensión mutua.»
Reint Jan Renes, científico del comportamiento
«Al inicio de la pandemia, el lema "solo juntos podemos controlar la covid" motivó a la población a quedarse en casa, respetar la distancia y lavarse las manos. El apoyo a la política "inteligente" del gobierno holandés era alto antes del verano de 2020. Con el tiempo, la capacidad de cooperación se mostró más frágil; crecieron las dudas sobre el gobierno y la sensación de "solo juntos" se erosionó.
Para gestionar el comportamiento colectivo, a veces es necesario frenar el proceso de políticas y crear contacto real con la ciudadanía. Los cambios suelen generar miedo a perder la identidad y la rutina, lo que provoca resistencia. En temas complejos, pensar solo en emisores y receptores de información es insuficiente; se necesita un diálogo abierto y participativo donde los ciudadanos críticos tengan una participación equitativa.
La conexión y la corresponsabilidad sólo surgen cuando se organiza un proceso participativo justo, en el que ciudadanos y empresas aportan su perspectiva y tiempo para construir soluciones informadas. Problemas como la crisis del coronavirus (y también el clima) requieren que gobiernos, empresas y ciudadanos se escuchen mutuamente y dediquen tiempo a ese intercambio. Eso no ocurre de forma automática: hay que crear encuentros, demostrar que se escucha y actuar en base a lo escuchado.»