historia historica

Una planta de energía muscular convierte un edificio de apartamentos en neutro energético

¿Un edificio de 22 plantas cuya energía provenga únicamente del esfuerzo humano? En la Universidad de Utrecht, los investigadores Melle Smets y Kris de Decker, del Low‑tech Magazine, han ideado un experimento que lo hace posible, aunque con un alto precio en sudor y disciplina.

El bloque Willem C. van Unnik, situado en el campus Uithof, destaca por su altura y el enorme logotipo de la universidad en la azotea. Según sus autores, la totalidad de la energía del edificio podría generarse a base de ejercicio físico.

La batería de gravedad

En los pisos inferiores se ha instalado un “planta de energía muscular” con todo tipo de equipos de gimnasio: bicicletas estáticas, elípticas, una rueda de correr y máquinas de remo. Cada gota de sudor se convierte en electricidad. Cuando la producción supera el consumo, el exceso se almacena en un sistema de baterías de gravedad ubicado en uno de los huecos del ascensor.

El hueco se llena de agua y de un peso pesado. Los aparatos de gimnasio bombean agua al interior, creando presión que se guarda en un depósito. Cuando se necesita energía, esa agua se libera para mover una turbina, generando electricidad de forma similar a una batería hidráulica. Este principio, ideado hace más de un siglo, ya se empleó en varias ciudades británicas.

¿Cuánto hay que entrenar?

Para que la vivienda sea autosuficiente, los residentes tendrían que ejercitarse más de tres horas al día. Con ese esfuerzo podrían cocinar, tomar una cerveza fría y ducharse una vez cada tres días. Si se limitan a actividades de bajo consumo –ordenadores, teléfonos, refrigerador y una ducha fría cada tres días– bastarían 1,5 h diarias de ejercicio.

Si el gimnasio fuera de acceso libre para vecinos externos, la generación aumentaría, pero también se reduciría la sensación de comunidad que el proyecto pretende fomentar.

Calor y olores

El calor producido por el ejercicio no se desaprovecha: el aire caliente se canaliza por tuberías y calienta los apartamentos. El aire no será perfumado, pero permite ahorrar energía de calefacción.

Los autores también proponen inodoros de vacío que no usan agua. Los residuos se succionan, se dirigen a un biodigestor en el sótano y el biogás resultante puede servir para cocinar o calentar agua. Este tipo de inodoros, ya instalados en Leiden y Ámsterdam, presentan riesgos de explosión y olores si no se gestionan correctamente.

Retos y dudas

La propuesta es ingeniosa y sencilla, pero su viabilidad práctica es cuestionable. ¿Realmente los estudiantes están dispuestos a entrenar tantas horas? ¿Qué ocurre si alguien se da una ducha larga y caliente? Los propios investigadores se sometieron a varias horas diarias de ejercicio para experimentar el peso de la idea.

Utrecht aspira a ser neutro en carbono para 2030, pero los autores reconocen que su proyecto es solo una gota en el océano. Su objetivo principal es generar debate sobre sostenibilidad y mostrar que la energía no es algo que aparece de la nada, sino que requiere sacrificios y conciencia.