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La historia del porno en el Museo Meermanno

¿Alguna vez te has preguntado qué tipo de pornografía se consumía en el pasado? La exposición “Porn on paper”, inaugurada en el Museo Meermanno de La Haya, reúne por primera vez cuatro siglos de material erótico, desde el siglo XVII hasta el XX.

Una colaboración entre museos

El museo Meermanno, especializado en libros, se ha aliado con la Koninklijke Bibliotheek (KB) para presentar esta muestra. La KB ha cedido a la exposición obras pornográficas de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, que normalmente se conservan en sus colecciones especiales.

Movimientos ondulantes en la historia del porno

El curador de la KB, Arno Kuipers, guía la visita explicando que no basta con exhibir libros antiguos; es necesario contextualizarlos. «Queremos mostrar los vaivenes de la pornografía desde su origen en el siglo XVI. No es que la sociedad haya sido cada vez más liberal, sino que los discursos y las formas de representación han cambiado».

El nacimiento del término «pornografía»

La palabra se popularizó en el siglo XIX para describir textos o imágenes cuyo objetivo es la excitación. Sin embargo, el contenido erótico ya existía antes. Los historiadores sitúan a Pietro Aretino, escritor italiano del siglo XVI, como el padre de la pornografía occidental: en 1527 publicó los Sonetti lussuriosi acompañados de grabados explícitos. El Papa los prohibió, lo que solo aumentó su fama y desencadenó imitaciones fuera de Italia.

El "Infierno" de la KB

En la primera sala, Kuipers muestra una falsa estantería con malla que alude al archivo secreto de la KB del siglo XIX, llamado "El Infierno". Allí se guardaban obras pornográficas, mayoritariamente de origen francés, bajo llave y cubiertas de gasa. Hoy esas piezas forman parte de las Colecciones Especiales y su acceso sigue requiriendo justificación académica.

Ámsterdam, capital del sexo en el siglo XVII

En el siglo XVII Ámsterdam se convirtió en la capital sexual de Europa. Libros prohibidos en otros lugares se imprimían y distribuían allí, a menudo con una intención crítica o moralizante. Kuipers cita la novela D'Openhertige Miss, Or D'Discovered Disguise, un bestseller que, a través de la voz de una prostituta ficticia, denunciaba la hipocresía de sus clientes.

Silencio y resurgimiento

Tras el bullicioso siglo XVII, la producción pornográfica en los Países Bajos se redujo considerablemente. La causa exacta aún se desconoce, pero la literatura erótica francesa del siglo XVIII muestra que el continente no estaba uniformemente casto. A finales del XVIII volvió a proliferar, aunque el siglo XIX impuso límites y muchas obras fueron censuradas o circulaban bajo tierra.

La colección Bert Sliggers

Una parte importante de la exposición corresponde a la reciente adquisición de la colección Bert Sliggers, antiguo curador del Museo Teylers. Se trata de revistas y folletos pornográficos económicos de los siglos XIX y XX, conocidos como "novelas realistas". Se vendían por 10‑20 céntimos, se imprimían en tiradas masivas y se descartaban rápidamente, lo que explica su escasa supervivencia.

Leyes morales estrictas

En 1911, bajo la influencia del partido cristiano liderado por el reverendo Abraham Kuyper, se aprobó una legislación moral que persiguió activamente la pornografía. Según Kuipers, la represión tuvo el efecto contrario: surgieron versiones caseras, con plantillas de textos e ilustraciones que se distribuían entre círculos íntimos.

La legalización y la explosión de los años 60

La revolución sexual de los años 60 desmanteló la autoridad del Estado y la Iglesia. En 1968 aparecieron las primeras revistas desnudas y, a partir de 1970, la pornografía dejó de estar prohibida. El mercado se multiplicó: cada preferencia sexual encontró su propia publicación, muchas de las cuales forman parte de la colección Sliggers.

Predecesor de Tinder

Los anuncios personales, habituales en esas revistas, cumplían una función similar a la de las apps de citas actuales. Kuipers señala: «Estos anuncios conectaban a hombres y mujeres con deseos afines; hoy los reemplazan plataformas como Tinder». La exposición, por tanto, muestra que la Biblioteca Nacional no solo conserva manuscritos medievales, sino también la historia viva del deseo.

En resumen, los medios cambian, pero las necesidades humanas permanecen. Con esta visión clara de la evolución del erotismo, el visitante puede apreciar la exposición sin quedar atrapado en los detalles más crudos.