historia historica

¿Quién asigna nombres a estrellas y planetas?

En diciembre pasado, la IAU (Unión Astronómica Internacional) lanzó una campaña mundial para que el público eligiera nombres oficiales para una estrella y un exoplaneta. Gracias a la participación de miles de personas de más de cien países, nacieron los nombres "Starry Night" y "Night Watch" para la estrella HAT‑P‑6 y su planeta HAT‑P‑6b. Pero, ¿quién nombra el resto de los objetos celestes?

Durante la misma campaña se registraron más de doscientos nombres, entre ellos "Felicidad" (traducción de "Gakyid", palabra de Bután), "Café" (del etíope "Buna"), y la estrella "Franz" con su planeta "Sissi". Incluso se propuso "Miffy" para un planeta, aunque la IAU rechazó algunos nombres por ser marcas registradas.

La iniciativa muestra lo divertido que puede ser involucrar al público, pero también revela la inmensidad del cosmos: millones de estrellas, planetas, cometas, asteroides y galaxias siguen sin nombre, identificados sólo por números.

Catálogos históricos

Los nombres de los planetas clásicos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) provienen de la mitología romana; Urano y Neptuno siguen la tradición griega‑romana, mientras que "Tierra" tiene un origen mucho más antiguo que significa "suelo".

Solo una pequeña fracción de las estrellas visibles ha recibido nombres propios a lo largo de la historia. Los que perduran —Sirius, Vega, Betelgeuse— provienen mayormente del griego, latín o árabe.

Con el auge de la astronomía, surgieron sistemas de denominación más sistemáticos. En 1603, el alemán Johannes Bayer asignó a más de 1.500 estrellas una letra griega o latina combinada con la constelación (por ejemplo, Aldebarán = α Tau). En 1725, el británico John Flamsteed creó un catálogo numérico similar. Hoy una misma estrella puede tener decenas de designaciones: Betelgeuse también es α Orionis, HR 2061, BD +7 1055, HD 39801, SAO 113271 y PPM 149643.

Problemas de ortografía

Esta proliferación de nombres y variantes ortográficas genera confusión. Por ejemplo, la estrella Fomalhaut tiene más de treinta grafías distintas. En 2016 la IAU estableció un grupo de trabajo para fijar una ortografía única y sin ambigüedades.

El astrónomo Eric Mamajek, de la Universidad de Rochester, preside ese grupo. Según él, por primera vez existe una política internacional para nombrar estrellas y sus planetas. El objetivo es usar nombres de distintas culturas, aunque no siempre sea fácil encontrar fuentes fiables sobre tradiciones astronómicas.

En 2018 se publicaron las ortografías oficiales de 336 estrellas, y se anunció que la lista seguirá ampliándose. Mamajek aclara que no se prohiben los nombres alternativos, que siguen siendo parte del patrimonio cultural, pero se alienta a la comunidad científica a adoptar los nombres oficiales.

Pequeños cuerpos del Sistema Solar

En nuestro propio sistema solar también se siguen nombrando objetos. Los planetas enanos, como Plutón (reclasificado en 2006), deben llevar nombres de figuras mitológicas. El descubridor de la luna más grande de Plutón, Caronte, aprovechó la mitología para honrar a su esposa Charlene con el nombre del barquero del inframundo.

Los asteroides, que van desde metros hasta miles de kilómetros, cuentan con más de 800 000 objetos catalogados. Aproximadamente 22 000 tienen nombres oficiales, muchos de ellos propuestos por sus descubridores, que disponen de diez años para presentar la sugerencia a la IAU.

Los cometas siguen otra regla: llevan el nombre de sus primeros descubridores (a veces varios) y un código alfanumérico que indica año y mes de hallazgo.

Participación y futuro

Aunque la campaña de la IAU demostró que la participación pública es posible, el proceso requiere filtros. De las 6 100 propuestas holandesas, el 80 % fueron descartadas por no cumplir los criterios.

¿Realmente todas las estrellas necesitan un nombre? La mayoría son invisibles a simple vista, pero para la divulgación y la educación un nombre memorable ayuda a conectar a la gente con el cosmos. Como dice Mamajek, si alguna vez descubrimos un planeta con vida, seguramente le asignaremos un nombre que todos recordaremos.