En el pasado casi todos los neerlandeses eran cristianos y asistían a la iglesia. Hoy, muchos combinan elementos de distintas tradiciones –desde la meditación cristiana hasta la astrología o el tarot– creando sus propias convicciones espirituales. ¿Qué determina la elección religiosa de cada persona? ¿Cuál es el papel del cerebro, la educación y la sociedad? ¿De dónde surge la religión? Neurocientíficos y teólogos coinciden en que la respuesta es compleja.
Dioses morales
La religión tuvo que aparecer en algún punto de la evolución humana. Michiel van Elk, neurocientífico cognitivo de la Universidad de Ámsterdam especializado en religión, afirma: "Probablemente la religión surgió como subproducto. La forma en que empezó a funcionar nuestro cerebro nos permitió imaginar la vida después de la muerte, un propósito y la inmortalidad". Fenómenos que nuestros antepasados no podían explicar –el movimiento de los planetas, erupciones volcánicas o rayos– fueron atribuidos a poderes superiores, lo que les dio sentido al mundo. "Empezamos a ver significado en los eventos y a creer en fantasmas y demonios", añade van Elk.
La forma más moderna de religión es relativamente reciente. Hace unos diez mil años surgieron sociedades más grandes y complejas, y con ellas la creencia en dioses morales que recompensan el buen comportamiento y castigan la transgresión. Según van Elk, esta creencia facilitó la cooperación entre grupos numerosos.
Propensión a la religión
Si la creencia en lo sobrenatural es una adaptación evolutiva, está arraigada en todos nosotros. Entonces, ¿por qué algunas personas son extremadamente religiosas y otras no? Van Elk señala que "el factor más importante que predice la religiosidad es la educación familiar". Asistir a la iglesia y rezar suele copiarse de los padres, por lo que la religión no es una elección totalmente libre. No obstante, la sensibilidad a experiencias espirituales varía: "Algunas personas son más receptivas a revelaciones o a la sensación de la voz de Dios".
Un estudio de 2016 del psicólogo David Maij, entonces doctorando con van Elk, lo demostró en el festival Lowlands. Participantes usaron el "Godhelm", un casco que, mediante estimulación electromagnética, pretendía inducir experiencias místicas. De 180 personas, solo una de cada cinco reportó sensaciones sobrenaturales, desde "salir del cuerpo" hasta percibir "fuerzas". Las expectativas y la imaginación juegan un papel clave.
Los creyentes
La predisposición no se localiza en una única zona cerebral; no existe un "punto de Dios". Todo el cerebro participa. Las resonancias magnéticas funcionales (fMRI) muestran que, al rezar, se activan áreas también implicadas en la teoría de la mente, el diálogo interno y la planificación futura. Daño en la unión temporoparietal puede producir hiper‑religiosidad, mientras que lesiones en otras áreas no generan el mismo efecto, lo que indica que cambios biológicos pueden aumentar la receptividad religiosa.
Belleza natural
Las experiencias espirituales no son exclusivas de lo religioso. Van Elk y su equipo mostraron a sujetos videos de cascadas, montañas y océanos mientras estaban en la fMRI. La belleza natural puede apagar la red por defecto, responsable del auto‑rumiación, provocando una sensación de asombro. Algunos lo interpretan como experiencia divina; otros, como la admiración de la evolución.
Compradores de religión
La teóloga Manuela Kalsky, de la Universidad Libre, describe a quienes combinan doctrinas de distintas tradiciones como "compradores de religión". Estos individuos eligen elementos de budismo, cristianismo, astrología, etc., creando una creencia flexible. Kalsky critica el término por su carga peyorativa y destaca que todas las religiones son ya sincretismos; por ejemplo, el cristianismo incorpora influencias judías, egipcias y griegas.
En los Países Bajos, la encuesta de Kalsky muestra que el 64 % de la población se considera religiosa. De ellos, el 41 % se adscribe a una sola tradición, mientras que el 23 % combina dos o más. Dentro de este grupo, un 3 % mezcla enseñanzas de varias religiones, un 12 % tiene una tradición base complementada con otras, y un 8 % vive una creencia flexible, creando su propio sentido.
Otros religiosos
La desecularización no implica menos religiosidad, sino mayor diversidad. En Asia es habitual combinar budismo y sintoísmo; en Europa, la hegemonía cristiana está cediendo paso a prácticas eclécticas. Kalsky afirma que la espiritualidad sin afiliación institucional sigue siendo religión, aunque no encaje en los recuadros tradicionales.
¿La religión como elección racional?
Elegir conscientemente elementos de distintas religiones no significa que la fe sea una decisión puramente racional. Kalsky sostiene que la gente se vuelve religiosa cuando busca sentido y propósito, especialmente en momentos de sufrimiento. Van Elk añade que la decisión no se activa como un interruptor: "No basta con decidir creer en Dios; se necesita un patrón cerebral específico y, a menudo, una búsqueda interior motivada por la incertidumbre existencial".