El antiguo paisaje cultural‑histórico del Drentsche Aa, parte del paisaje nacional de ríos y esdorpen, fue proclamado en 2005 el "paisaje más bello de los Países Bajos" por la Fundación Naturaleza y Medio Ambiente, junto al Geul y Gulpdal del sur de Limburgo. El paisaje, lejos de ser estático, ha experimentado continuos cambios; la visión de futuro del Drentsche Aa (2017) se resume en el lema «Conservar mediante el desarrollo», es decir, que las nuevas intervenciones deben reforzar sus valores.
Para ilustrar esta evolución, Jan Bakker ha seleccionado siete momentos clave, representados con postes de piquete, que permiten visualizar cómo era el territorio en distintas épocas.
1. El origen (alrededor de 9 700 a.C.)
Al final de la última glaciación el territorio constaba de tres unidades: una meseta de arcilla hasta donde la erosión era mínima, una zona de arena cubierta y el valle del río. Pequeños pantanos salpicaban el paisaje. Los suelos de arcilla eran fértiles y sostenían bosques naturales más duraderos que los de arena, que eran más vulnerables a la lixiviación y a la presión humana.
Durante el Holoceno temprano se iniciaron los procesos de formación del suelo: la materia orgánica se transformó en humus, aparecieron suelos forestales en las áreas arcillosas y suelos podzólicos ácidos en las zonas arenosas.
En los valles fluviales se formó turba a partir del Preboreal (9 500‑8 500 a.C.) y, de nuevo, en el Subbóreo (3 500‑1 500 a.C.), cuando el clima se volvió más cálido y el nivel freático subió.
Era Atlántica (6 000‑3 000 a.C.)
Se desarrolló el bosque atlántico, comparable al roble‑tilo‑carpintero de Białowieża (Polonia). La turba avanzó desde los fondos de los valles y, con la intervención humana (canales y drenajes), se produjo una compactación y oxidación de la turba.
2. Neolítico (5 300‑3 200 a.C.)
El plateau de Drenthe estaba cubierto por bosques de hoja caduca: tilo, roble, avellano y olmo en la arcilla; abedul predominaba en la arena. Los pueblos de la cerámica de cuña (con sus dólmenes) creaban claros mediante quemas y tala, practicaban agricultura temporal y se asentaban cerca de humedales y arroyos.
3. Edad del Bronce tardía (1 600‑1 200 a.C.)
La presión humana aumentó: los bosques disminuyeron, sobre todo en las áreas arenosas, dando paso a matorrales de brezo con robles y abedules aislados. Surgió un paisaje semi‑natural con claros, campos celtas y bosques densos en la meseta de arcilla.
4. Edad del Hierro media (500‑250 a.C.)
La deforestación se aceleró y la población se expandió. Los suelos arenosos perdieron atractivo y la erosión eólica generó dunas. La respuesta fue la intensificación agrícola (agricultura mixta) y el traslado de poblaciones a las fértiles mesetas de arcilla, donde los asentamientos se volvieron permanentes.
5. Alta Edad Media (1 000‑1 300 d.C.)
Con la consolidación de los esdorp, la naturaleza desapareció y los pueblos se establecieron de forma estable. Los campos (essen) se extendieron sobre la meseta arcillosa, mientras que los valles fluviales se drenaron y se convirtieron en pastos y prados de forraje. Los bosques restantes se usaban para pastoreo, leña y akering (cría de cerdos con bellotas).
6. Edad Moderna (a partir de 1450)
El pastoreo ovino y bovino creció, aumentando la disponibilidad de estiércol. Entre 1450 y 1650 se ampliaron los campos y se construyeron bordes arbolados y canales en los valles, creando nuevos elementos semi‑naturales. La presión ganadera provocó la tala masiva y la desaparición de los bosques de brezo y los “strubben”.
Los antiguos rastros de carreteras medievales aún son visibles en la zona del Drentsche Aa.
7. Época contemporánea
En los últimos siglos el paisaje cambió drásticamente: el alambre de púas sustituyó los setos, los fertilizantes redujeron la dependencia de la ganadería y gran parte del brezal se transformó en tierras agrícolas o bosques de coníferas. La gestión del agua se volvió controlada mediante canales, pero la desecación de suelos pantanosos y la aplicación masiva de nitrógeno provocaron la pérdida de especies de hábitats pobres en nutrientes.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados favoreció especies de rápido crecimiento (pasto perenne) y desplazó la flora autóctona, mientras que la desecación del subsuelo aumentó la emisión de nitrógeno y la desaparición de comunidades húmedas.
Conclusión
El Drentsche Aa muestra cómo la interacción entre la naturaleza y la actividad humana ha moldeado un paisaje que, aunque ha perdido gran parte de su “infraestructura ecológica” original, conserva áreas protegidas que mantienen rasgos semi‑naturales.
Lectura recomendada
Artículo sobre el tema «Naturaleza en los Países Bajos».
Una reserva natural en una zona agrícola
Jan Bakker