Según la tradición, el arcángel Miguel, Dios y las santas Margarita y Catalina susurraron a Juana de Arco una misión: liberar a Francia de la ocupación inglesa. ¿Fue la intervención divina la que cambió el rumbo de la Guerra de los Cien Años (1337‑1453) o, en una historia alternativa, la ausencia de esas voces habría dejado al país sumido en la derrota?
El comienzo
El conflicto se originó en una disputa feudal entre Inglaterra y Francia. Eduardo III, rey de Inglaterra, también era duque de Gales, lo que le obligaba a reconocer al rey francés como su señor y a pagarle una renta. Con la intención de expandir su dominio, en 1337 declaró la guerra a Francia.
Batalla de Azincourt
Durante los primeros años, los ingleses dominaron el campo de batalla gracias a tácticas innovadoras, como el uso masivo de arqueros de largo alcance. En 1415, la batalla de Azincourt parecía ofrecer una oportunidad a los franceses, pero la derrota fue rotunda: 5.000 nobles franceses, entre ellos el mariscal y varios duques, murieron, mientras que las bajas inglesas fueron mínimas. La monarquía francesa se dividió entre borgoñones y armagnacos, lo que facilitó la reconquista de París por los ingleses en 1419.
Esperanza de paz
El duque de Borgoña buscó negociar con los ingleses, mientras la reina Isabela de Baviera declaraba ilegítimo al delfín Carlos VII, su hijo. En 1420, bajo la presión de Isabela, se firmó el Tratado de Troyes, que establecía que el heredero inglés Enrique V heredaría el trono francés tras la muerte de Carlos VI. El tratado provocó una humillación nacional, pero la población, agotada por la guerra, aceptó la aparente paz. Sin embargo, Enrique V murió antes que Carlos VI, y el tratado quedó sin efecto cuando este último falleció dos meses después.
Sin esperanza
El sucesor inglés, Enrique VI, fue coronado rey de Inglaterra y, en teoría, de Francia, aunque el territorio francés estaba fragmentado. Borgoña apoyaba a los ingleses, dejando a Carlos VII aislado y sin apoyo popular. Sin la coronación en Reims – que estaba bajo control inglés – el delfín carecía de legitimidad para liderar el ejército.
Una Francia inglesa
Enrique VI, decidido a consolidar su dominio, continuó la conquista ciudad tras ciudad. Cuando la resistencia francesa se redujo a unos pocos enclaves, el rey propuso a Carlos VII una tregua: o continuaba la guerra sangrienta o entregaba las ciudades restantes. En 1430, los ingleses controlaron la mayor parte de Francia, salvo Borgoña. Tras una breve pero cruenta campaña, el duque Felipe el Bueno se rindió bajo la condición de mantener su ducado, aunque con poderes casi ceremoniales. Enrique VI se autoproclamó rey de Inglaterra, Francia y Borgoña en 1431.
Consecuencias
Si ese escenario hubiera sido real, el mapa político y cultural de Europa sería completamente distinto. El francés habría dejado de ser lengua dominante, Francia habría pasado a ser una provincia inglesa y la expansión del idioma inglés habría sido aún más pronunciada. La ausencia de monarcas franceses como Luis XIV, la Revolución Francesa, Napoleón y la formación de la UE habría alterado profundamente la historia mundial, influyendo en conflictos posteriores como la Guerra de los Treinta Años, la Primera y Segunda Guerra Mundial.