Stonehenge: la Lourdes de la Edad del Bronce
El significado de Stonehenge ha sido objeto de debate durante siglos y probablemente seguirá siéndolo. Recientemente, dos arqueólogos británicos, Tim Darvill y Geoffrey Wainwright, propusieron una nueva explicación: Stonehenge habría sido un sitio de peregrinación prehistórico.
Orígenes y fases constructivas
Stonehenge pertenece al conjunto de estructuras megalíticas, al igual que los dólmenes de Europa. Los monumentos megalíticos más antiguos datan de alrededor de 4500 a.C. en Dinamarca, Bretaña, Irlanda y Portugal; los dólmenes holandeses se sitúan cerca de 3400 a.C.
Stonehenge, sin embargo, es mucho más reciente. La primera fase, alrededor de 3100 a.C., consistió en un fosso circular y una empalizada con una pequeña construcción de madera en el centro. El complejo de piedra que conocemos hoy empezó a formarse alrededor de 2500 a.C.
Los “bluestones” y su viaje desde Preseli
Los constructores extrajeron una serie de rocas en las montañas de Preseli, en Gales. Tras un largo traslado —probablemente primero por mar y luego por ríos— de unos 400 km, depositaron estas piedras, conocidas como “bluestones”, en un semicírculo desordenado dentro del recinto.
Una centuria después, el círculo original fue reemplazado por un anillo de sarsen (arenisca) erigido verticalmente. Dentro de este se colocó un segundo conjunto de piedras en forma de herradura, al que también se añadió una losa horizontal. Los bluestones se disponieron a ambos lados de la herradura y, más tarde, se reorganizó su disposición interior en forma de herradura.
Leyendas medievales
En la Edad Media surgió la famosa historia de Merlín: tras una batalla, el mago habría transportado piedras curativas de Irlanda a Stonehenge para sanar a los soldados heridos del rey Arturo. Aunque claramente ficticia, la leyenda dejó una huella; hasta el siglo XVIII la gente local usaba fragmentos de la piedra como talismán.
Hipótesis de un “Lourdes” prehistórico
Darvill y Wainwright descubrieron alrededor del monumento un depósito de huesos humanos con alta frecuencia de deformidades y patologías. El análisis químico de los dientes reveló que los fallecidos no eran solo residentes locales, sino provenían de regiones tan distantes como Gales, el Lake District e Irlanda.
Estos datos los llevó a proponer que Stonehenge funcionó como lugar de peregrinación curativa, una especie de Lourdes de la Edad del Bronce. Los bluestones, al romperse, desprenden una tonalidad azulada que recuerda a un cielo estrellado; tal efecto pudo haber inspirado la creencia en sus propiedades medicinales, de forma similar a la venta actual de “piedras curativas”.
En las montañas de Preseli, cerca de los yacimientos de los bluestones, existen manantiales considerados “pozos sagrados”. Alrededor de estos pozos se hallaron varios dólmenes que incorporan bluestones, lo que sugiere que ya en la prehistoria se atribuían cualidades curativas al agua que brotaba de esas rocas.
Debate y preguntas sin resolver
No todos los especialistas aceptan la teoría. Algunos consideran que la evidencia es insuficiente y que los esqueletos podrían pertenecer a migrantes habituales, no a peregrinos. Además, la pregunta sigue abierta: ¿por qué elegir Stonehenge y no otro monumento megalítico cercano?
Los autores admiten que su hipótesis no agota el misterio, pero sí abre una nueva vía de investigación que aleja la explicación tradicional de que Stonehenge fuera únicamente una tumba de élite.