Al Capone fue condenado por evasión de impuestos, no por los crímenes violentos que lo hicieron famoso. Aun así, fue uno de los primeros internos en ingresar a la recién inaugurada prisión de alta seguridad de Alcatraz, más como símbolo político que por su peligrosidad. El gobierno quiso exhibir su nuevo "cárcel‑fortaleza" y, ¿qué mejor forma que enviando al gánster más conocido del país?
Una celda como la de cualquier otro preso
Capone ya había cumplido condenas en otras penitenciarías, pero en Alcatraz no hubo ningún trato preferencial. Compartía la misma celda que los demás, sin habitaciones privadas, sin comida casera, sin visitas de sus socios como Lucky Luciano, y sin los lujos que a veces se le atribuyen en la ficción.
Desde el 4 de mayo de 1932 hasta su traslado a Alcatraz el 22 de agosto de 1934, realizó las mismas tareas que cualquier recluso: barría los pasillos, trabajaba en la lavandería y, a diferencia de muchos, no fue objeto de abusos físicos por parte de los guardias.
Intentos de soborno y la dura respuesta del alcaide
Al llegar a "la Roca", Capone intentó sobornar al alcaide Johnson, pero este no cedió. Según el propio Capone, el alcaide lo trató como a cualquier otro preso, asignándole el número de registro "AZ" y devolviéndolo a la fila sin concederle privilegios adicionales, pese a sus repetidos intentos.
Lectura y auto‑mejoramiento
Privado de educación formal desde que fue expulsado del primer gimnasio por un altercado con una profesora, Capone encontró en la biblioteca de la prisión una vía para seguir aprendiendo. Sus anotaciones revelan un interés por libros de gramática, música y jardinería, y suscribía 87 periódicos y revistas.
Entre sus lecturas destaca Life Begins at 40 de Walter Pitkin, un bestseller de 1932 que ofrecía una visión optimista de la vida después de los cuarenta años. Capone, que tenía 36 años al ingresar, encontró en esa obra una esperanza para su futuro.
Música en la prisión
Poco después de su llegada, Capone propuso formar una banda con otros internos. Tras un año de negociaciones, el alcaide le permitió tocar durante no más de 20 minutos al día. Sin experiencia previa, aprendió a tocar el banjo y, más tarde, la mandola, que utilizó como defensa cuando un compañero lo atacó en 1936.
Según sus biografías, Capone llegó a decir que conocía más de 500 canciones y compuso un tema propio titulado "Madonna Mia", dedicado a su esposa. La música le ofrecía un respiro en la rutina carcelaria.
Enfermedad y salida
Durante su encierro comenzaron a manifestarse los síntomas de la sífilis, una enfermedad que padecía desde hacía años. En 1938 fue trasladado a una prisión del sur de California para cumplir el resto de su condena y, en noviembre de 1939, obtuvo la libertad condicional.
Al Capone falleció el 25 de enero de 1947, a los 48 años, a causa de complicaciones de la sífilis.