Historia de la educación sexual en los Países Bajos
Hace un siglo aprender sobre sexo era una tarea tediosa. Si alguien preguntaba, la respuesta era que los niños se compraban en la panadería, crecían como repollos o los entregaba una cigüeña.
Los jóvenes sabían que había algo “sucio” y asociaban la sexualidad únicamente con la procreación. En 1909, la feminista Mathilde Wibaut escuchó a una niña decir a su amiga: “Tus padres son mucho peor que los míos, porque tenéis muchos más hijos que nosotros”.
Algunos educadores empezaron a defender que los padres debían informar a sus hijos sobre sexualidad. La idea de la “información” ganó fuerza en los años veinte, cuando la juventud holandesa se sentía liberada por la música moderna y la moda atrevida, según los adultos de la época. Se insistía en que el sexo sólo era aceptable dentro del matrimonio y que la masturbación estaba prohibida.
No todos compartían esa “apertura”. El director cristiano de una escuela, Jacob Stamperius, sostenía que “la ignorancia es el mejor remedio contra las aberraciones sexuales”.
La década de los sesenta y la normalización del tema
Fue recién en la década de 1960 cuando hablar de sexo se volvió corriente en los Países Bajos. En los años setenta, la introducción del tema en las escuelas dejó a pocos sorprendidos.
Los profesores utilizaban manuales informativos para guiar a los estudiantes en su vida sexual. La mayoría de estos libros se centraban en el amor y las relaciones, mientras que los aspectos fisiológicos se abordaban en la asignatura de biología.
Un típico “libro del amor” de 1974 incluía la frase: “Antes de conducir un coche, tomas clases de manejo; antes de hacer el amor, tomas clases gratuitas”.