Una orquesta pomposa, actuaciones monótonas, escenas de amor interminables, miradas vidriosas al horizonte y todos en minifaldas. Puedes despertarme para eso... No porque la trama sea fuerte o los actores brillen, sino porque los espectáculos de Hollywood son historia en sí mismos.
La Antigüedad está de moda. Los realizadores de Hollywood lo saben. En la última década se han estrenado películas que rinden homenaje a la época clásica: Gladiator, Alexander, 300, Troy y, más recientemente, Clash of the Titans. Lo que pocos saben es que esas historias ya fueron filmadas antes. En los años 50 y 60 del siglo pasado, Hollywood marcó tendencia con los llamados “películas espectáculo”.
Películas espectáculo
En esa época la televisión empezaba a robar espectadores a los cines. Para recuperar al público, la industria introdujo el formato panorámico, ideal para epopeyas de gran escala. Ir al cine volvió a ser una experiencia que la tele no podía igualar. Así nacieron obras como The Robe, Quo Vadis, The Ten Commandments, Ben-Hur y Spartacus. Con presupuestos sin precedentes, decorados colosales y miles de extras, estas películas evocaban la Antigüedad clásica, siempre teñidas de una moral cristiana que revelaba más de la época de su producción que de la historia que pretendían contar.
El esplendor de los años 50
Durante la edad dorada de los espectáculos (años 50‑60), el mundo recién salía de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría se hacía presente. Aunque Occidente había salido victorioso, la situación económica y social era difícil. La gente buscaba una identidad de la que sentirse orgullosa. Así, las películas presentaban a los romanos como análogos de nazis o comunistas, mientras los pueblos oprimidos simbolizaban una sociedad occidental virtuosa y cristiana. Los filmes de espectáculo funcionaban como espejo de la sociedad, una válvula de escape para la conciencia colectiva y un “must” para una tarde lluviosa de domingo.
La Antigüedad clásica en el cine actual
¿Por qué hoy Hollywood sigue interesándose por la Antigüedad? Además de la oportunidad de mercado, el éxito de Gladiator (Ridley Scott) demostró que el escapismo sigue funcionando. Estas películas ofrecen una fuga del día a día y una claridad moral que a menudo falta en la vida cotidiana. Al igual que en los años 50, los filmes históricos proporcionan un sentido de patrimonio cultural compartido. En una Europa donde las fronteras se desdibujan, buscamos un punto de apoyo para nuestra identidad cultural; las películas históricas cumplen esa función al recordarnos una época en la que “nosotros” éramos héroes.
Para profundizar
- Hollywood goes to war