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¿Krenz fue realmente un reformista?

El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín. En ese momento el poder del Partido Comunista de Alemania Oriental (SED), liderado por Egon Krenz, llegó a su fin visible. Pero antes de que sucediera, la población tomó medidas masivas contra el partido y el gobierno, organizando protestas cada vez más numerosas y creando movimientos ciudadanos.

Los últimos meses del régimen DDR

En la fase final del gobierno del SED, ¿puede considerarse a Egon Krenz un reformista? ¿Alguien que, atendiendo a las exigencias de la población, habría podido salvar el poder del partido?

Varias embajadas en Berlín Oriental vigilaban de cerca los cambios en la cúpula del SED. A finales de agosto la embajada holandesa ya analizaba la sucesión de Erich Honecker, señalando a Krenz como el candidato con mayores posibilidades, aunque muchos dudaban de su credibilidad como alternativa.

El diario NRC escribió el 9 de octubre de 1989 que la visión del nuevo líder «no difiere sustancialmente de la de su mentor Honecker y se caracteriza, sobre todo, por la incertidumbre sobre su propia legitimidad y sobre las consecuencias de reformas en un país que aún no es una nación, sino un Estado fundado en bases ideológicas».

Unos días después, el embajador holandés Jacobs notó un cambio: tras la gran manifestación en Leipzig el 9 de octubre, atribuyó la ausencia de intervención policial a Krenz, responsable de la seguridad del SED. Esto sorprendió al embajador, pero coincidía con algunos artículos críticos en el periódico Junge Welt, tradicionalmente cercano a Krenz. Jacobs se preguntó si Krenz estaba «separándose de Honecker y de su propia reputación en el último minuto».

Según Jacobs, la reacción de los alemanes orientales al anuncio de una «Wende» (cambio) por parte de Krenz fue escéptica. Resultó alentador que dedicara largos pasajes a la economía, mostrando conciencia de la gravedad del problema, pero decepcionó su negativa a reconocer a los nuevos movimientos de oposición como socios de diálogo.

En las semanas posteriores a su nombramiento, Krenz intentó ganar la confianza popular adoptando un estilo político más abierto: propuso mayor participación de los trabajadores y la libertad de viajar, intentando frenar la masiva emigración que aquejaba a la RDA.

Credibilidad como reformista

Su credibilidad estaba lejos de estar asegurada. Apenas unos días después de asumir la dirección del partido, Krenz fue también elegido presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Defensa Nacional, concentrando en una sola persona el poder que había tenido su predecesor Honecker.

El pasado de Krenz como segundo al mando de Honecker y como presidente de la comisión electoral responsable del fraude de mayo de 1989 pesaba sobre su figura. En octubre elogió la represión de las protestas estudiantiles en Beijing (junio de 1989), lo que generó desconfianza.

La embajada y la prensa holandesa describieron sus promesas como «poco, demasiado tarde». Su discurso del 24 de octubre de 1989, que anunciaba la libertad de viajar y reformas electorales, fue considerado insuficiente por los movimientos de protesta, que exigían: libertad total de viaje, elecciones libres y secretas, libertad de asociación y reunión, fin de la censura y separación entre partido y Estado.

Según el NRC, la brecha entre la visión de los dirigentes y los deseos de la ciudadanía se debía a que las reformas en la RDA empezaron «básicamente demasiado tarde». Trouw resaltó la contradicción de Krenz, que seguía defendiendo el «estado de campesinos y obreros» mientras esos mismos grupos abandonaban el país.

Krenz mantenía la convicción ideológica de que cualquier cambio debía preservar el socialismo y, de hecho, seguir mejorándolo. En una entrevista con Welt en 2007 reiteró sus convicciones socialistas, señalando que el sistema político actual de la República Federal no era el suyo.

¿Permitía el sistema político de la RDA reformas?

Investigaciones retrospectivas indican que, aun si Krenz hubiera introducido reformas, estas habrían significado la pérdida del papel dominante del SED. No había posibilidad de salvar tanto la RDA socialista como el liderazgo del partido.

En primer lugar, la política de diálogo con los movimientos opositores ponía fin al papel preponderante del SED. En segundo lugar, la Constitución había eliminado la posición de liderazgo del partido en la estructura del parlamento. En tercer lugar, la fusión entre partido y Estado significaba que el SED ocupaba todos los cargos clave; renunciar a ellos era indispensable para cualquier diálogo serio. Finalmente, la introducción de un sistema democrático multipartidista cuestionaba la legitimidad del SED para existir.

En síntesis, por un lado el liderazgo temía que reformas profundas transformaran la RDA en una sociedad capitalista, erosionando la justificación de un Estado separado del oeste. Por otro, la ausencia de reformas habría perpetuado la emigración masiva, debilitando tanto al SED como al propio Estado. Desenredar la ideología partido‑Estado provocaría una caída en cadena de sus pilares, y la reunificación alemana se volvía inevitable.

Ver también

  • Caída del Muro

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