Hasta mediados del siglo XIX, el vertido de excrementos en las ciudades en expansión provocaba graves enfermedades y un hedor insoportable. La capacidad natural de autorlimpieza simplemente no podía manejar esas cantidades. La historia de la sanidad moderna es, por tanto, una historia de heces y orina.
Los romanos, pioneros del saneamiento
La colonia romana de Colonia Agrippina (actual Colonia, en el Rin) disponía, desde el 80 d.C., de un canal de 95 km llamado Eifelkanal que transportaba agua de manantial desde la región de Eifel. Cada habitante recibía unos 500 l al día, distribuidos en fuentes a menos de 50 m de distancia, y el agua alimentaba también baños públicos, letrinas y, para los más adinerados, conexiones domiciliarias. Las aguas residuales se evacuaban mediante el Römerkanal, una cloaca subterránea de 2,10 m de altura y 1,22 m de ancho, que desembocaba en el Rin. Este sistema funcionó durante dos siglos antes de perderse.
Condiciones deplorables en la Edad Media
Durante los primeros siglos de la Edad Media (500‑950) la población decayó por guerras, hambrunas y epidemias, pero después volvió a crecer rápidamente. Las ciudades se expandieron sin planificación sanitaria: casas de una sola habitación, letrinas improvisadas en cubos o pozos, a veces simplemente en la calle. Los cubos se vaciaban en fosas sépticas, en zanjas o en el propio canal, y los excrementos se vendían como fertilizante a los agricultores. El agua potable provenía de lluvia almacenada en pozos, frecuentemente contaminada por fosas cercanas.
La falta de gestión de residuos sólidos provocaba un hedor insoportable, sobre todo en los barrios obreros. Los canales medievales olían terriblemente durante siglos, como recuerda Pleyte (1874) al describir la Pieterskerkgracht, que fue tapada en 1604 tras la protesta de los vecinos que no soportaban el olor.
Inspecciones infructuosas
Los ayuntamientos intentaron regular la situación mediante ordenanzas que prohibían arrojar tierra, basura, estiércol, sangre, cenizas, paja o cadáveres al agua. La falta de alternativas y la escasa vigilancia hicieron que estas normas se incumplieran: cadáveres de animales flotaban en los canales durante años.
Todo olía a miasma, concepto entonces usado para explicar la propagación de la peste (1346‑1688) y del cólera (1832‑1866). La teoría miasmática dominó hasta el siglo XIX, cuando se descubrió que la peste era causada por Yersinia pestis (Alexandre Yersin, 1894).
Los higienistas de Ámsterdam
Alrededor de 1840 surgió en Ámsterdam un grupo de médicos, ingenieros y políticos reformistas, conocidos como los higienistas de Ámsterdam. Durante medio siglo promovieron mejores viviendas, condiciones laborales, agua potable y saneamiento, pese a la escasa respuesta del ayuntamiento, que a veces tapaba un canal maloliente o emitía nuevas prohibiciones sin lograr cambios reales.
Aceleración rápida a partir de 1850
Tras la reforma constitucional de Thorbecke (1848) y la Ley de Municipalidades (1851), la salud pública pasó a ser competencia municipal y los higienistas ingresaron en la Superintendencia Médica del Estado (1865). Además, se comprendía que los sistemas de saneamiento no podían financiarse solo con beneficios directos y se empezaba a identificar la verdadera causa de la peste y el cólera (bacterias descubiertas en 1894 y 1884, respectivamente).
En 1853 se suministró por iniciativa privada la primera agua potable de las dunas a Ámsterdam; otras ciudades siguieron el ejemplo y, en 1949, ya existían 212 compañías de agua en los Países Bajos, cubriendo al 75 % de la población.
Descarga de excrementos a finales del siglo XIX
Se evaluaron tres sistemas: el de barriles, el Liernur y los sistemas de alcantarillado con descarga fuera de la ciudad. El objetivo era mejorar la calidad del agua urbana y aprovechar económicamente los residuos para la agricultura.
Sistema de barriles
Consistía en recoger las heces en barriles en cada vivienda y venderlas como fertilizante. Entre 1871 y 1899, 34 ciudades adoptaron este método. Los barriles, vaciados una o dos veces por semana, se colocaban en el patio o la cocina. El transporte a camiones a veces provocaba olores intensos, como el famoso “Boldootkar” del Jordaan. Ventajas: evitaba la contaminación de aguas superficiales y generaba ingresos; desventajas: logística y hedor. El servicio persistió en algunos lugares hasta la década de 1970.
Sistema Liernur
Inventado por Charles Liernur de Haarlem, se basaba en la recogida neumática de excrementos mediante una bomba de vapor móvil y su posterior transformación en fertilizante (poudrette) o amoníaco sulfúrico. En Ámsterdam, 190 000 habitantes (40 % de la población) estaban conectados. Con la expansión del suministro de agua potable y la introducción del inodoro, la heces quedó demasiado diluida para su venta, y el sistema fue abolido en 1912.
Alcantarillado central y depuración
Con la consolidación del suministro de agua potable, se optó por un sistema integrado: agua potable‑inodoro‑alcantarillado. Esto eliminó la posibilidad de reutilizar directamente los excrementos como fertilizante, pero permitió la recogida conjunta de aguas residuales domésticas e industriales y su descarga fuera de la ciudad, normalmente en ríos o al mar.
Las primeras plantas de tratamiento (para mataderos, lecherías, hospitales y cuarteles) aparecieron alrededor de 1900; la primera planta biológica para aguas domésticas se construyó en Voorburg en 1906, seguida por 15 más entre 1920 y 1950. La Ley de Contaminación de Aguas Superficiales de 1970 obligó a depurar los vertidos, acelerando la expansión de las plantas de tratamiento.
Epidemias de cólera y su control
Los Países Bajos sufrieron cuatro grandes epidemias de cólera (1832‑33, 1848‑49, 1853‑55 y 1866‑67). La segunda fue la más mortal, con unas 23 000 víctimas a nivel nacional y 2 300 en Ámsterdam. Los estudios de John Snow (1849‑54) y los descubrimientos de Filippo Pacini (1854) y Robert Koch (1884) identificaron al Vibrio cholerae como agente causante, desmintiendo la teoría miasmática.
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