Introducción
En sociedades que deben sobrevivir en climas duros, donde conseguir alimento resulta difícil, la gente suele creer en dioses estrictos y personales. Este patrón, conocido desde hace tiempo por los estudiosos de la religión, ha sido confirmado recientemente mediante un modelo computacional.
Tipos de dioses
Si observamos la historia desde una perspectiva amplia, los dioses pueden agruparse en dos grandes categorías. Por un lado están los dioses distantes, que crearon el mundo pero ya no intervienen en él. No juzgan a los seres humanos y su preocupación por la vida cotidiana es mínima; ejemplos son muchos dioses de la naturaleza africanos.
Por otro lado existen los dioses estrictos y personales, que no solo dieron origen al cosmos sino que también lo supervisan continuamente. Ante estos dioses la gente se siente responsable; el incumplimiento de sus normas se traduce en calamidades. El Dios del judaísmo y ciertas corrientes del cristianismo son ejemplos típicos. Entre ambos extremos existen numerosas formas intermedias.
¿De dónde provienen estas diferencias?
Los investigadores se preguntan por qué algunas culturas adoran a un dios severo y personal, mientras que otras prefieren a una deidad distante y natural. Estudios anteriores mostraron que los dioses estrictos aparecen con mayor frecuencia en sociedades con alta jerarquía política y complejidad social, pues tales entornos requieren normas claras y un agente que las haga cumplir.
Influencia del entorno ecológico
Pero, ¿qué papel juegan los factores ecológicos? Un clima más riguroso favorece la organización compleja; ¿existe también una relación entre el clima y la concepción de Dios? Para responder, un equipo de biólogos evolutivos estadounidenses diseñó un programa informático que analizó qué variables influyen en la aparición de dioses estrictos o distantes. Publicaron sus hallazgos en la revista PNAS.
Los investigadores compararon la percepción de Dios en un amplio conjunto de sociedades históricas con datos climáticos, variaciones de temperatura, presencia de fauna salvaje y disponibilidad de alimentos. Como se esperaba, la complejidad política mostró una fuerte correlación con la presencia de un dios severo. Además, el modelo reveló que la probabilidad de que surja un dios estricto aumenta en sociedades con escasez de agua y alimentos y en aquellas que viven en climas cambiantes y duros. En conjunto, el modelo pudo predecir el tipo de deidad que se desarrollaría en un contexto dado con una certeza del 91 %.
Una creencia compartida en un dios personal ayuda a reducir el miedo colectivo y, por tanto, mejora la capacidad de una comunidad para sobrevivir en entornos peligrosos e inhóspitos. Este es el primer estudio que demuestra, de forma cuantitativa, un vínculo entre ecología y religión. Aunque no explica todos los matices de la historia cultural—cada caso sigue siendo único—los modelos computacionales ofrecen a las ciencias humanas una herramienta valiosa para abordar problemas complejos a gran escala.