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El pobre deshonesto: una mirada histórica a la pobreza

Introducción

Rico y pobre son conceptos relativos. En la época moderna temprana, se consideraba pobre a quien ganaba lo suficiente apenas para sobrevivir. Hoy, en los Países Bajos, la pobreza también se asocia a la exclusión social por falta de recursos. La percepción de la pobreza ha cambiado varias veces; este recorrido histórico cierra el Mes de la Historia 2012.

Purgatorio

En la Edad Media la pobreza no era una deshonra. El pobre representaba a Jesús y ayudarle beneficiaba el alma del benefactor. La doctrina católica enseñaba que, al juicio final, el pecador debía pasar un tiempo en el purgatorio; las buenas obras podían acortar ese castigo. Por eso los siete actos de misericordia –alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, alojar al viajero, visitar al preso, atender al enfermo y enterrar al muerto– eran tan importantes.

Cultura de la memoria

Quien recibía ayuda rezaba por quien la ofrecía, acercando la salvación del donante. Cuanto más humilde era el intercesor, mayor peso tenía la oración. Este principio de “memori” también regulaba las fundaciones benéficas: los residentes de hospicios debían rezar por el difunto benefactor con una frecuencia establecida, que podía ser diaria o anual.

La práctica continuó después de la Reforma. Un mercader de Ámsterdam, Octavio Francisco Tensini, legó 60 000 florines a la parroquia católica de los pobres en 1675, con la condición de que se dijera una misa por su alma todos los días, incluso hasta el siglo XX.

Los protestantes del siglo XVI rechazaban la idea de comprar la salvación mediante indulgencias; para ellos cuidar a los pobres era un deber cristiano universal.

Pobreza deshonesta

Alrededor de 1500, el crecimiento demográfico y las guerras provocaron la aparición de un nuevo grupo de pobres itinerantes: mendigos y vagabundos que buscaban trabajo o limosna. Al no existir un sistema organizado de asistencia, los fondos se agotaban rápidamente.

Este grupo fue catalogado como “pobre deshonesto” porque, a diferencia de los pobres residentes, podían trabajar si encontraban empleo. Los temores sobre fraudes de mendicidad se recogieron en el Liber Vagatorum (1510), que describía trampas y engaños, y condujo a la prohibición de la mendicidad.

Los pobres itinerantes eran a menudo enviados a casas de corrección o de disciplina, donde se les enseñaba el trabajo y la disciplina. Los jóvenes eran reeducados, mientras que los ancianos se utilizaban como mano de obra barata.

Honor en juego

La reputación era esencial. Un ciudadano que caía en la pobreza podía ser estigmatizado y perder crédito para comprar o recibir préstamos. En el siglo XVII la imagen del pobre había dejado de ser la de Cristo y se examinaba su autenticidad, generando vergüenza.

Los pobres de clase media que necesitaban ayuda a menudo la recibían en secreto para evitar la deshonra pública.

¿Quién paga?

Durante la Edad Media y hasta el siglo XIX, la financiación de la asistencia provenía principalmente de los propios ciudadanos y de colectas eclesiásticas. Los ayuntamientos ofrecían terrenos y la comunidad completaba el resto. Se organizaban loterías y otras iniciativas para recaudar fondos.

En Ámsterdam, los colectores reformados llamaban a la puerta cuatro veces al año; la letra “L” sobre la puerta indicaba que debían pasar. Todos, ricos y pobres, contribuían, pues la ayuda era una responsabilidad social, no estatal.

Después de los años de abundancia

El siglo XVIII trajo un aumento de la pobreza por el desempleo. Las colectas mantenían su nivel, pero el número de necesitados creció, provocando déficits. Los gobiernos impusieron impuestos adicionales y subsidios directos, sin lograr contener la espiral descendente que se extendió de 1780 a 1860.

Tras la República Batava, la Iglesia Reformada perdió su privilegio y surgieron iniciativas privadas, como la Sociedad de Beneficencia fundada por Johannes van den Bosch en 1818, que creó colonias agrícolas en Drenthe para familias empobrecidas. Aunque contó con apoyo real, el proyecto fracasó y sus colonias se transformaron en campos penitenciarios.

El origen de la filantropía

En el siglo XIX la asistencia siguió bajo control eclesiástico, pero la Ley de Pobres de 1854 delegó legalmente la mayor parte de la responsabilidad a las iglesias, permitiendo que los pobres recurrieran al Estado solo como último recurso.

Con el avance de la ciencia y la secularización, surgieron organizaciones humanistas que financiaban proyectos mediante suscripciones filantrópicas, como la creación de parques para mejorar la salud de los trabajadores.

Nuevos pobres por la industrialización

Después de 1860 la industrialización generó una gran población obrera empobrecida y barrios marginales. Los liberales defendían el libre mercado como solución, pero sólo enriquecieron a los propietarios.

Algunas empresas, como Philips y Stork, construyeron viviendas de bajo costo para sus empleados, buscando mantenerlos sanos y bajo vigilancia.

Los socialistas, por su parte, exigían empleo digno y denunciaban la caridad paternalista.

Nuevo siglo, nuevos derechos

Las imágenes fotográficas de los barrios insalubres despertaron la indignación de la burguesía. Las autoridades comenzaron a construir viviendas sociales y a instalar alcantarillado.

Tras la introducción del sufragio universal en 1917, los partidos cristiano, socialista y liberal establecieron el Estado de bienestar: la Ley de Asistencia General (1965) y la AOW (1947) convirtieron la ayuda a los pobres de un favor a un derecho.