historia historica

La estrella de la confusión

Introducción

Los astrónomos siguen proponiendo explicaciones sobre qué pudo haber sido la famosa estrella de Belén. Sin embargo, la mayoría de los historiadores cuestiona seriamente la existencia de un signo celestial especial. El conocimiento científico está fragmentado y, según Jona Lendering, nadie se atreve a abordar el problema de forma integral.

Una anécdota ilustrativa

Conocí a Shirley después de criticar los supuestos "espejos ardientes" que, según la leyenda, el ingeniero griego Arquímedes habría usado para incendiar barcos romanos. Me molestó que un historiador antiguo presentara esa historia como un hecho, a pesar de que contradecía las leyes de la física. Shirley se alegró de que al menos un "alpha" hubiera señalado el error y le explicó cómo podía haberlo argumentado mejor.

El perfil de los críticos

Hay más estudiantes de ciencias como Shirley: ex gimnastas que conservan su amor por la Grecia y Roma clásicas, aunque no encuentren información fiable sobre la Antigüedad ni en la red ni en librerías. Esa carencia les irrita y, a menudo, envían correos con las absurdidades que descubren en sus lecturas.

Ellos tienen razón: las leyes de la naturaleza también se aplican a los "alphas", y a la inversa, las reglas de la filología a los "betas". Ninguno debe aceptar ciegamente las fuentes históricas, pues estas registran lo inusual y rara vez describen la cotidianidad. Quien las tome al pie de la letra reconstruye un pasado lleno de rarezas.

Literalismo bíblico versus método histórico

Los estudiantes de Historia aprenden esto en su primer mes y critican la creencia acrítica en las fuentes como "positivismo ingenuo". Cuando el tema es la Biblia, el término es "literalismo bíblico", aunque el error metodológico es el mismo. Tomemos la estrella de Belén: existen teorías que la identifican con un cometa, una conjunción planetaria, una supernova o incluso el planeta Urano. Un panorama razonado está disponible en la literatura especializada.

El problema de todas esas hipótesis es que interpretan la Biblia de forma demasiado literal. Durante tres siglos, arqueólogos han intentado extraer la verdad histórica de la poesía, la historia, las biografías, las leyes, las cartas y las leyendas bíblicas. Una certeza se mantiene: cualquier texto bíblico alude, al menos, tanto a otro texto bíblico como a un hecho real. Por ejemplo, el Sermón del Monte, según el Evangelio de Mateo, es una referencia a Moisés como legislador, no un discurso histórico, y esa conclusión se conoce desde el siglo XIX.

La construcción narrativa de Mateo

Lo mismo ocurre con la estrella de Belén. Mateo sitúa el nacimiento del Mesías en Belén para cumplir la profecía; coloca una estrella en el cielo como símbolo del Mesías; y envía a los sabios del Oriente con oro, incienso y mirra, regalos que anticipan la restauración futura de Israel. El relato de Mateo entrelaza referencias a Miqueas, Balaam e Isaías, ensamblando la historia para cumplir profecías.

Al hacer que los padres de Jesús huyan a Egipto, el evangelista vincula el episodio con una palabra del profeta Oseas. La narración está repleta de alusiones escriturales, lo que hace incierto si realmente se observó un signo celestial especial.

¿Importa realmente?

Quizá no sea esencial, pero resulta alarmante que muchos astrónomos que estudian el tema ignoren un principio metodológico básico para los historiadores: la necesidad de interpretar críticamente las fuentes. Un astrónomo que no reconoce su propio literalismo bíblico se asemeja al historiador antiguo que no comprende por qué no se pueden prender fuego a barcos con espejos ardientes: una negligencia que delata una falta de dominio de conceptos elementales.

Perspectivas futuras

El próximo año se celebrará en Groningen un congreso sobre la estrella de Belén. El desenlace es previsible: historiadores, teólogos y astrónomos admitirán que comprenden muy poco del trabajo de los demás y volverán a clamar por la interdisciplinariedad. Como siempre, esa llamada será más simbólica que productiva, pues la fragmentación del conocimiento persiste y nadie parece dispuesto a afrontarla de manera integral.


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