Como solía decir Joseph Stalin: "No importa quién vote, sino quién cuente los votos". Siguiendo esa máxima, el 30 de junio de 1946 se celebró en Polonia un referéndum popular. ¿Cuál era el objetivo de este plebiscito inesperado?
En junio de 1946 las autoridades comunistas plantearon a los polacos tres preguntas:
1) ¿Está a favor de la supresión del Senado?
2) ¿Desea que la futura Constitución consolide el sistema económico instaurado por la reforma agraria y la nacionalización de los principales sectores, manteniendo los derechos legales de la iniciativa privada?
3) ¿Quiere que se consoliden las fronteras occidentales del Estado polaco en el mar Báltico, el río Oder y el Nysa Łużycka?
¿Para qué necesitaban ese referéndum, sobre todo con preguntas tan evidentes?
Apariencia de un Estado democrático
Los acuerdos de Yalta garantizaban un sistema multipartidista en Polonia, de modo que todos los partidos democráticos y antifascistas debían participar en las elecciones parlamentarias.
Así, lo más importante era el futuro electoral. Los comunistas, sin embargo, no estaban preparados y buscaban retrasarlo al máximo. El referéndum les serviría como herramienta para ganar tiempo y, sobre todo, para demostrar un supuesto apoyo popular.
Sabían que gran parte de la sociedad los repudiaba, por lo que temían un fracaso electoral.
En este contexto, el referéndum se convirtió en una especie de ensayo y, al mismo tiempo, en una lección de manipulación de resultados.
Cartel de propaganda "3 veces sí"
Desde el principio, las autoridades comunistas actuaron en dos frentes. Por un lado, intentaron crear una fachada de pluralismo, organizando eventos públicos y participando en tradiciones populares como la procesión del Corpus Christi, para dar la impresión de un Estado soberano y democrático.
Por otro, sometieron al ejército, a la seguridad y a la industria al control del Partido Obrero Polaco (PPR) y pusieron en marcha una maquinaria de terror. Agentes comunistas infiltraron partidos democráticos y organizaciones sociales.
"¡Polaco, firma 3 veces sí!"
Las preguntas del referéndum estaban diseñadas para identificar a la oposición, que probablemente habría respondido "sí" a las tres. Por eso se decidió que la primera cuestión fuera la única con la respuesta esperada "no".
La campaña de propaganda fue masiva: folletos lanzados desde aviones, carteles en cada esquina y lemas como "¡Polaco, firma 3 veces sí!" recorrían las calles.
Los políticos opositores fueron acosados, intimidados e incluso detenidos bajo pretextos inventados. Las oficinas de seguridad pública de distrito, a instancias del Ministerio, elaboraron listas de arrestos preventivos.
Una gran farsa
Para asegurarse de que el fraude fuera total, el comunismo contó con la ayuda de expertos soviéticos. El coronel Aron Pałkin, jefe del Ministerio de Seguridad del Estado soviético, y un grupo de oficiales de la KGB fueron enviados a "gestionar" el referéndum hasta finales de agosto.
Cartel de 1946 que mostraba a un soldado del NSZ presentado como colaborador nazi, incitando al voto "NO".
En las mesas de votación la falsificación directa era difícil, pues representantes del Partido Agrario Polaco (PSL) —pilar de la oposición— formaban parte de las comisiones locales. Sin embargo, las comisiones distritales y de recinto estaban ya bajo control comunista. Las decisiones clave se tomaban en los comités del PPR y en las oficinas de seguridad.
Según los resultados oficiales, participaron 11.857.968 personas, lo que representó el 90,1 % del padrón electoral. El "sí" se registró en un 68 % para la primera pregunta, 77,2 % para la segunda y 91,4 % para la tercera.
Los archivos desclasificados en los años 90 revelaron una realidad muy distinta: sólo el 26,9 % respondió "sí" a la primera pregunta, el 42 % a la segunda y el 66,9 % a la tercera. En total, apenas el 26,9 % de los votantes firmó los tres "sí".
Con la experiencia del referéndum, los comunistas iniciaron los preparativos para las elecciones parlamentarias, incrementando la represión y la vigilancia para garantizar su victoria.