Viviendas de emergencia: ¿solución temporal o permanente?
“La vivienda de emergencia debe considerarse como una medida provisional. Una vez que se haya reducido la escasez de vivienda, la vivienda de emergencia puede desaparecer.” Esta frase, escrita en 1920, sigue siendo muy pertinente, sobre todo en Ámsterdam.
Los contenedores habitacionales que el municipio de Ámsterdam empezó a instalar hace unos años se concibieron como una respuesta rápida y, sobre todo, temporal, a la enorme falta de habitaciones para estudiantes.
Cuando lo “temporal” se prolonga
La idea de los contenedores es buena, pero el problema surge cuando se asume que serán permanentes. Siete años después de la instalación del primer lote, la oferta de viviendas estudiantiles permanentes sigue insuficiente. En lugar de construir más viviendas definitivas, el municipio parece centrarse en ampliar la vivienda de emergencia.
Consecuencias del uso prolongado
Estas construcciones no están diseñadas para un uso prolongado y ya empiezan a deteriorarse. Reemplazar un calentador de agua barato y defectuoso lleva tiempo, y la incertidumbre sobre cuánto tiempo permanecerá en pie su hogar genera molestia entre los residentes.
Lección histórica
¿Cómo surgió esta situación a principios del siglo pasado? En la década de 1910 Ámsterdam también enfrentó una gran escasez de vivienda, agravada por la Primera Guerra Mundial, cuando numerosos refugiados buscaron asilo en la capital de los Países Bajos neutrales. Como solución, surgieron varios barrios de emergencia en Ámsterdam‑Norte a partir de 1918; uno de ellos fue Vogeldorp. Según Arie Keppler, director de la empresa municipal de vivienda en aquel entonces, la intención era que el “pueblo jardín” durara no más de 35 años.
Sin embargo, esas casas siguen allí. Los problemas de los contenedores son nada comparados con los de Vogeldorp: hasta principios de los años 90 sus habitantes ni siquiera disponían de baño. Hoy el barrio ha sido rehabilitado; las pequeñas casas se venden a precios elevados y todo el conjunto está catalogado como monumento municipal. Los residentes de los contenedores tendrán que aguantar; dentro de unos cincuenta años podrían decir que también vivieron en un valioso monumento.