historia historica

Lo que aún puede revelar un cadáver

Aunque ya no pueda hablar, un cadáver sigue diciendo mucho si se lo examina minuciosamente. Patólogos forenses y arqueólogos se esfuerzan por descubrir qué ocurrió en los últimos momentos de vida.

Observa, toca y registra con precisión

Una persona no se considera muerta hasta que un médico lo declare. A veces la causa de la muerte es evidente; otras, el médico duda si fue por violencia y se solicita una autopsia judicial. Paso a paso, el forense (patólogo) estudia el cuerpo, tanto exterior como interior, para determinar la causa exacta del fallecimiento. En ocasiones, basta con la inspección externa. “Una vez me entregaron un cuerpo que el médico creyó que había muerto por una caída,” relata el patólogo forense. “Bajo el cabello había un agujero con forma de hendidura; el cráneo estaba completamente fracturado. Nunca había visto una lesión así por caída; debía haber sido provocada por un objeto punzante.”

Tras la inspección externa se realizan radiografías y el patólogo abre el cuerpo con una incisión en forma de Y. Se examinan, pesan y se extraen muestras de cinco gramos de los principales órganos (hígado, cerebro, pulmones, corazón, páncreas, glándulas suprarrenales y bazo). Estas muestras se envían a colegas para su estudio microscópico y, posteriormente, al departamento de toxicología, donde se buscan drogas y toxinas.

Insectos en la sala de autopsias

El patólogo no disfruta del trabajo en sí: “Cortar es una tarea tediosa. Lo hago para ayudar a atrapar a un culpable o, a veces, para exonerar a alguien. De vez en cuando, insectos vuelan o se arrastran por la sala de autopsias; hay que saber manejarlos. Es fundamental no fijarse en el rostro de la víctima durante la autopsia; concentrarse en la anatomía hace que el proceso sea más objetivo y científico.”

Identificación

Los criminales a veces intentan que sus víctimas sean irreconocibles mutilándolas. En una ocasión se presentó un cuerpo sin cabeza ni manos. En esos casos, el patólogo busca otras características externas: el color del cabello en el cuello, cicatrices, marcas de estiramiento, etc. “Una vez recibimos un cuerpo completamente desollado. No quedaba nada de la apariencia externa, así que tuvimos que recurrir a rasgos internos, como cicatrices de una apendicectomía u otra intervención quirúrgica.”

Descomposición

Por mucho que un cuerpo se deteriore, siempre queda algún tejido. En un esqueleto, se pueden analizar cabellos o médula ósea. Los fármacos que la víctima consumió quedan registrados en el cabello, ya que las sustancias pasan a la matriz capilar y se conservan en los filamentos. En teoría, cualquier aspirina ingerida puede detectarse. Las intoxicaciones son más difíciles de rastrear porque la sustancia se dispersa por todo el organismo; en un 30 % de los casos no se encuentra nada.

Antropología física

Cuando solo queda material óseo, entran en juego los arqueólogos y, específicamente, la paleopatología.

A diferencia de lo que muestra la serie de televisión Bones, determinar la causa de muerte a partir de un esqueleto es extremadamente complejo. Solo se pueden inferir conclusiones a partir de marcas en los huesos, y mucha información se pierde. Algunas enfermedades mortales dejan huellas óseas, como ciertos tipos de cáncer, pero la presencia de esas marcas no garantiza que la muerte haya sido por esa enfermedad; la persona pudo fallecer por neumonía o una infección, cuyas señales ya no son detectables.

Por la fuerza

En casos de muerte violenta se pueden identificar fracturas que el cuerpo intentó reparar. Cuando una fractura ocurre en vida, el organismo forma tejido conectivo entre los fragmentos (callo fibroso) y, con el tiempo, lo reemplaza por hueso nuevo (callo óseo). En una fractura producida después de la muerte, no se observa este proceso de consolidación. Sin embargo, los arqueólogos a menudo deben distinguir entre daño postmortem causado por la presión del suelo o herramientas y una fractura letal.

Los especialistas en paleopatología buscan indicios sutiles, como marcas de corte o de arma, y analizan los bordes óseos. En una fractura letal los bordes suelen ser afilados y no siguen la arquitectura del hueso; en una fractura postmortem los bordes son irregulares pero respetan la estructura ósea.

Más cadáveres, más información

Para los arqueólogos, la causa de muerte no es lo único que los esqueletos pueden revelar. Proporcionan datos esenciales para reconstruir poblaciones: esperanza de vida, calidad de la dieta, estado general de salud y la carga de trabajo físico. Cuando se dispone de un cementerio completo, la comparación entre individuos permite dibujar un cuadro detallado de la sociedad. Los muertos cuentan más de lo que imaginamos.