Hasta mediados del siglo XVII, la mayoría de los europeos creía que el sexo era peligroso y podía desestabilizar la sociedad. Por eso, la sexualidad se controlaba con mano dura. Para el año 1800, esas ideas habían desaparecido casi por completo. En el intervalo se produjo una revolución: el sexo pasó a ser un asunto privado. El historiador británico Faramerz Dabhoiwala narra este cambio en su aclamado libro The Origins of Sex.
The Origins of Sex es la primera obra de Dabhoiwala, senior fellow del Exeter College de Oxford. La crítica elogió su erudición y lo describió como “inspirador y provocador”. The Times lo calificó como un "gran libro" y comparó al autor con "el Stephen Hawking del sexo". El autor, de 42 años, trabajó diez años en el proyecto y comenta con entusiasmo mientras toma un capuchino en el Faculty Club de la Universidad de Leiden: "Quería escribir un libro interesante y fácil de leer para estudiantes que, aunque inteligentes, se aburren con la historia del siglo XVIII".
Dabhoiwala escribe con un estilo que recuerda a los intelectuales británicos, pero también domina el neerlandés sin acento. Creció en Buitenveldert, Ámsterdam, asistió al Vossius Gymnasium y colaboró con Arnon Grunberg en el periódico escolar. En los años 80 regresó a Inglaterra para continuar sus estudios. Prefiere hablar de su libro en inglés, pues considera que su neerlandés no es lo suficientemente académico: "Cometo errores terribles, como decir 'cepillarse los dientes' en contextos formales".
Y luego morimos
Para ilustrar la magnitud del cambio entre 1650 y 1800, Dabhoiwala contrasta dos ejemplos de su libro. Primero cita al libertino John Wilkes, quien en 1763 escribe en su poema erótico Essay on Woman:
La vida sólo nos brinda unos pocos buenos follos, y luego morimos
Según el autor, una frase así era impensable en el siglo XVI. En aquel entonces, el miedo al sexo fuera del matrimonio estaba tan arraigado que se había internalizado. El sexo extramatrimonial se consideraba un pecado social, una amenaza de caos y anarquía. La comunidad vigilaba la moral: se patrullaba de noche, se revisaban las camas y se castigaba a los infractores mediante una cooperación entre iglesia y Estado, aunque no existía una policía oficial.
Castidad femenina
El segundo ejemplo, con el que inicia su libro, relata la expulsión y flagelación pública de Susan Perry y Robert Watson el 10 de marzo de 1612. Encadenados a una carreta y desnudos hasta la cintura, fueron llevados al borde de Westminster, golpeados continuamente y prohibidos de regresar a su ciudad natal por haber tenido relaciones fuera del matrimonio y engendrado un hijo.
Dabhoiwala señala que en 1800 esa práctica era inconcebible. Aunque el adulterio seguía castigado, desaparecieron los procesos y los castigos públicos. Los registros judiciales muestran que, antes de 1650, sólo el 1 % de los niños nacía fuera del matrimonio; alrededor de 1800 esa cifra alcanzó el 25 %. La idea de que el sexo es, ante todo, un asunto privado se había consolidado y sigue siendo un punto de partida aceptado en la mayoría de nuestras discusiones contemporáneas.
La revolución sexual
El libro está lleno de anécdotas entretenidas, pero no es una lectura ligera. El argumento central sostiene que, en el siglo XVIII, la sexualidad pasó del ámbito público al privado, considerándose una actividad natural y placentera, no una amenaza.
Este cambio desencadenó una discusión interminable sobre los límites de la libertad sexual y lo que se considera privado. Esa discusión continúa hoy y constituye una característica fundamental de nuestras sociedades occidentales.
La libertad sexual no benefició a todos simultáneamente. Para las mujeres, la nueva visión tuvo inicialmente efectos negativos. En la Edad Media y la temprana modernidad, la mujer era vista como la tentadora peligrosa cuyo deseo debía ser contenido; a finales del XVIII, el paradigma se invirtió: el hombre se convirtió en el objeto de deseo, mientras la mujer se presentaba como virtuosa y moralmente superior. Dabhoiwala explica que la primera ola de libertad sexual favoreció a los hombres heterosexuales de clase alta, ampliando la desigualdad entre géneros, clases y orientaciones sexuales.
Homosexualidad
Los homosexuales también recibieron poco beneficio al inicio. La Ilustración equipó lo natural con lo bueno, pero la sodomía siguió considerándose antinatural y fue perseguida legalmente en Gran Bretaña hasta el siglo XX; la ley que criminalizaba la promoción de la homosexualidad en escuelas se derogó apenas en 2003.
No obstante, Dabhoiwala destaca que el filósofo Jeremy Bentham, a finales del XVIII, defendió la primera postura moderna a favor de los derechos gay, argumentando que no existía base legal para prohibir el sexo consentido entre hombres, aunque él mismo lo encontrara repugnante. "¿Se persigue a quien ama las ostras?" escribió Bentham.
Conclusiones
Dabhoiwala es optimista respecto a los resultados de la primera revolución sexual. Aunque al principio generó desigualdades, finalmente otorgó autodeterminación a la mayoría de la población occidental: la posibilidad de decidir sobre el propio cuerpo, la igualdad de género y el fin de la pena de muerte por adulterio son logros alcanzados en el siglo XVIII.
Compara este proceso con la democratización: ambos surgieron de forma irregular y hoy se dan por sentados, aunque no siempre sea tan evidente. Tras la reseña del libro en The Guardian, lectores de todo el mundo compararon su situación sexual actual con la Europa pre‑1650 y demandaron una nueva revolución sexual. Dabhoiwala advierte contra la simplificación de comparar a Europa con lugares como Arabia Saudí o Irán, pues el progreso no es lineal ni universal.
Gran parte de la investigación de Dabhoiwala se centra en Inglaterra, sobre todo Londres, por lo que queda pendiente determinar si el mismo patrón se repite en otros países europeos o en naciones católicas.
En cualquier caso, The Origins of Sex guía al lector por una amplia gama de fuentes: desde los grandes pensadores ilustrados hasta diarios de proxenetas, pasando por registros judiciales, novelas de Richardson y escalas de eyaculación de clubes escoceses.
El autor describe los cambios como una transformación irreversible de la sociedad, impulsada por la urbanización, los medios masivos emergentes, la secularización y la filosofía de la Ilustración, sin detallar exactamente cómo interactúan todos esos procesos.
El libro
Faramerz Dabhoiwala, The Origins of Sex: A History of the First Sexual Revolution (Allen Lane, 2012)