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El Palacio de la Paz: origen, diseño y legado

Los Países Bajos son mundialmente conocidos por albergar la Corte Internacional de Justicia, ubicada en el Palacio de la Paz de La Haya. Ese edificio abrió sus puertas el 28 de agosto de 1913, convirtiéndose en la materialización de un sueño compartido por pacifistas, ciudadanos y líderes internacionales: la paz en la Tierra.

El siglo XIX y la revolución bélica

Antes del siglo XIX, la guerra se consideraba un mal necesario para resolver disputas entre monarcas y nobles. Ya existían mediaciones, como la del Papa, pero solo intervenían después de que estallaba el conflicto, nunca como medida preventiva.

La imagen de la guerra era, en gran medida, positiva. Los nobles que luchaban bajo el mando del rey se consideraban héroes, y sólo cuando se distinguían en el campo de batalla alcanzaban la fama. Las consecuencias para los campesinos, cuyas cosechas eran saqueadas, se relegaban a un segundo plano. En general, la guerra se celebraba en palabras e imágenes, salvo por algunos realistas como Erasmo ("la guerra atrae a quien no la ha vivido") o Francisco Goya, que mostró sus horrores durante la guerra española contra Napoleón.

Con el advenimiento del siglo XIX, los sonidos a favor de la paz se hicieron cada vez más frecuentes. El desarrollo de armas mecánicas y nuevas tecnologías militares provocó masacres sin precedentes. La generación que vivió las Guerras Napoleónicas quedó prácticamente aniquilada.

A lo largo del siglo surgieron inventos bélicos brutales: balas que se fragmentaban al impactar, granadas lanzadas desde globos de aire caliente y que causaban víctimas civiles indiscriminadas. Además, el coste de mantener esas armas era astronómico; en 1898 el Imperio Alemán gastaba más de la mitad de su ingreso nacional en la actualización de su ejército y marina.

El llamado a la paz

La iniciativa del zar Nicolás II

En 1898 el zar Nicolás II de Rusia urgió a detener la carrera armamentista que obstaculizaba el desarrollo económico, la población y la paz mundial. Las grandes potencias de la época –Alemania, Austria-Hungría, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos– reaccionaron con escepticismo, pues el propio zar no era conocido por su humanidad y contaba con el ejército más grande del mundo. Sin embargo, la gravedad del problema los llevó a aceptar, y se organizó la primera Conferencia de la Paz en La Haya, aprovechando la neutralidad de los Países Bajos y los lazos familiares del zar con la Casa de Orange.

La conferencia de diez semanas en 1899 reunió a 100 delegados de todo el planeta. Se debatió la reducción de armamentos y la preservación de la paz. El logro más importante fue la creación de la Corte Permanente de Arbitraje, destinada a mediar en conflictos inminentes antes de que estallaran. En 1900 la Corte se instaló en una mansión de La Haya, aunque pronto resultó insuficiente.

El diseño del Palacio de la Paz

Se necesitaba un edificio digno para la Corte, y surgió la idea de un verdadero Palacio de la Paz. El gobierno holandés ofreció un terreno, pero se negó a financiar la construcción.

El filántropo estadounidense Andrew Carnegie, millonario del acero, fue contactado. Inicialmente reacio, cambió de opinión al percibir la oportunidad de albergar una gran biblioteca de derecho internacional.

Carnegie destinó 1,5 millones de dólares, una cifra enorme para la época. En septiembre de 1903 se creó el Comité de Preparación, que organizó un concurso arquitectónico. De 216 propuestas, la de estilo barroco de Louis Cordonnier resultó ganadora, aunque tuvo que simplificarse para ajustarse al presupuesto. El edificio resultante es el que hoy se contempla.

El 29 de agosto de 1913 se inauguró el Palacio con la presencia de monarcas, soldados, diplomáticos y personalidades de la alta sociedad. Aunque la idea fue bien recibida, muchos escépticos dudaban del impacto real del Palacio. Después de la primera Conferencia de la Paz (1899), estallaron varias guerras que la Corte no pudo impedir. La segunda Conferencia (1907) también dejó resultados modestos, lo que alimentó el pesimismo.

Legado y relevancia actual

Menos de un año después, el 18 de julio de 1914, estalló la Primera Guerra Mundial, confirmando las temores de los críticos. Aun así, la Corte de Arbitraje y, desde 1922, la Corte Internacional de Justicia, han transformado la política mundial. La arbitraje, antes voluntario, pasó a ser un mecanismo obligatorio: los Estados pueden ser sancionados por incumplir la ley internacional y los acuerdos firmados.

Si bien no logró evitar las dos guerras mundiales, el Palacio de la Paz sigue siendo un símbolo de la aspiración global por resolver los conflictos mediante el diálogo y el derecho, y alberga una de las colecciones más importantes de literatura jurídica internacional.