Situado en el extremo noroeste de África, Marruecos se encuentra a solo unos kilómetros de Europa. Durante siglos ha sido el puente entre ambos continentes, lo que le ha permitido absorber una gran variedad de influencias culturales: bereberes autóctonos, judíos subsaharianos, romanos, fenicios, árabes, portugueses, españoles y franceses. Esta mezcla ha dejado una huella profunda en la cultura del país, especialmente en sus mitos, folklore y leyendas.
Los mitos y leyendas marroquíes están llenos de magia, amor, miedo y héroes épicos. Sus orígenes se pierden en el tiempo y combinan hecho y ficción, creando una rica tradición oral que ha pasado de generación en generación.
Estas narraciones varían de una región a otra. Cada zona cuenta versiones propias, modificadas por distintos narradores que añaden sus propios detalles. El folklore marroquí se asemeja a un mosaico: piezas pequeñas y bellas que, juntas, forman una imagen colorida y completa. Entre los temas recurrentes aparecen los viajes, la fauna, el islam, la familia y el respeto como virtud fundamental.
Aisha Kandisha
Aisha Kandisha es una figura femenina mítica del folclore del norte de Marruecos. Se la describe como una joven hermosa con pezuñas de animal (camello o cabra) que usa su encanto para seducir a los hombres locales, volviéndolos locos o matándolos. En algunas versiones se hace pasar por una viajera sin camisa, esperando a su víctima. Conductores de camiones afirman haberla visto en la zona norte del país.
Algunos investigadores sugieren que el nombre «Aisha Kandisha» tiene origen oriental, posiblemente traído por colonias fenicias del norte de África, y que luego se integró en la tradición islámica marroquí. También se relaciona a su supuesto consorte, Hammu Qayyu, con el dios cartaginés Hamón.
Una teoría reciente propone que la leyenda se basa en una condesa marroquí de El Jadida, cuya familia fue asesinada por los portugueses. Consumida por el dolor, se convirtió en una figura temible que, según la tradición, ayudó a derrotar a los invasores al seducir a sus soldados antes de que fueran aniquilados. Hoy en día, algunos la veneran encendiendo velas y sacrificando animales como cabras o gallos.
Descripciones variables
Su morada suele estar vinculada a fuentes de agua: en Tánger se le asocia al mar, en Tetuán al río Martil, entre los Beni Ahsen al río Sebú y en Fez al canal de drenaje. Se dice que teme a las agujas y cuchillos de acero, y que en el sur del país se le conoce como Kharaja.
Según algunas crónicas, viste de negro y posee pezuñas de camello. Se le considera un mal presagio para las embarazadas, pues se cree que pueden perder al bebé si la ven. También se la agrupa con otras jinns femeninas llamadas Aisha, como la Aisha sudanesa o la Aisha del mar.
La mula del cementerio
Esta criatura proviene del folklore bereber de las montañas del Atlas. Se la describe como un animal petrificado que, según la región, puede ser una mula tirando de gruesas cadenas o una figura mitad humana y mitad bestia, similar a los centauros griegos.
La leyenda cuenta que la mula era una viuda recién casada que, antes de cumplir el período de luto, mantuvo una aventura. Un dios enfadado la maldijo, transformándola en una criatura que pasa el día entre los muertos y, al anochecer, se rasca y gime mientras arrastra sus cadenas por el cementerio. Al amanecer vuelve a su forma humana y se retira al sepulcro.
Existen diversas versiones: algunas afirman que la mula mata a los ladrones de tumbas y a veces atrae a hombres para llevárselos bajo tierra; otras sostienen que puede adoptar la forma de un familiar para engañar y devorar a sus víctimas. Los bereberes aseguran escuchar sus gritos y el ruido de sus cadenas, lo que lleva a los hombres a evitar los cementerios por miedo.
Boukhencha
El boukhencha es la versión marroquí del troll. Aunque el término literalmente significa “hombre con saco”, en el imaginario popular se le describe como una enorme y cruel criatura que se alimenta de carne humana, especialmente niños. Se dice que habita en lugares oscuros y aislados: cuevas, montañas, bosques y pantanos.
En los relatos, el boukhencha vaga por aldeas y calles con su saco para secuestrar niños, llevándolos a su guarida para devorarlos. No es el único ogro del folklore marroquí; también aparecen figuras como Kho‑Kho bla y mama ghouls.
Shamharush
El shamharush es una entidad sobrenatural presente no solo en Marruecos, sino también en otras culturas. Se le atribuyen poderes para poseer tanto a humanos como a animales, y pueden ser benevolentes o malignos. Según algunas creencias, habita en cuevas, desiertos y lugares sucios, y es responsabilizado de accidentes, mala suerte, enfermedades o muertes. Para evitar su ira, la gente recita palabras religiosas.
Boughettat
Antes de que la ciencia médica describiera la parálisis del sueño, los marroquíes la atribuían a espíritus malignos llamados boughettat. Una versión los describe como un anciano encorvado, de ojos grandes, cabello joven y dientes afilados; otra los imagina como una anciana bruja que sonríe siniestramente.
El boughettat visita a las personas mientras duermen, paraliza al sueño, se posa sobre el pecho y estrangula a la víctima. El afectado es consciente pero incapaz de gritar o moverse, experimentando alucinaciones y terror.
La leyenda de los lagos Tislit e Isli
En el corazón del Atlas, en el pueblo de Imilchil, existen dos lagos —Tislit y Isli— que según la tradición amazigh son los “Romeo y Julieta” marroquíes. La historia cuenta que, hace un siglo, un joven del clan Ait Brahim y una muchacha del clan rival Ait Ya’za se enamoraron. Sus tribus estaban enemistadas y el matrimonio estaba prohibido.
Desesperados, los amantes lloraron hasta la muerte, y sus lágrimas se transformaron en los dos lagos. Algunas versiones dicen que se ahogaron juntos en el agua. El lago Tislit significa “hermana” y el lago Isli “novio”. Se dice que cada noche emergen de sus aguas para reunirse.
Festival del matrimonio
Hoy los lagos atraen a visitantes y, sobre todo, a parejas que participan en el Festival del Matrimonio, también llamado Festival de Compromiso. Según la leyenda, los padres de los amantes iniciaron la celebración para honrar su amor. Cada septiembre, durante tres días, alrededor de cincuenta parejas se casan allí, acompañadas de música, danza, tambores y trajes coloridos.
Importancia de los mitos y leyendas marroquíes
La tradición de contar cuentos en Marruecos se remonta a más de mil años, cuando tribus bereberes y reyes gobernaban el territorio. El relato era una forma de preservar creencias, valores y la historia, además de entretener durante las largas noches de invierno.
En la era de la globalización y la tecnología, el interés por estas narraciones ha disminuido. Hoy quedan pocos cuentacuentos, aunque algunos comerciantes mayores están transmitiendo los mitos a jóvenes aprendices para mantener viva la tradición.
Conclusión
Los mitos, leyendas y cuentos tradicionales no son solo historia; son una ventana al pasado, la cultura y el patrimonio de Marruecos. Surgieron como herramientas educativas y de entretenimiento, y continúan ofreciendo una visión profunda de la identidad del país.