historia historica

Igualdad de oportunidades educativas y educación superior tecnológica

En el marco de la teoría del capital humano, a partir de la década de 1960 la educación en Grecia se consideró una inversión pública clave y el gasto educativo aumentó de forma notable. Con dos prioridades –modernización y desarrollo económico– se esperaba que el propio sistema educativo se modernizara, poniendo especial énfasis en la educación técnica postsecundaria, presión impulsada principalmente por organismos internacionales.

La OCDE y, sobre todo, el Banco Mundial (a través de financiamiento) fomentaron con vehemencia la creación de instituciones de educación técnica postsecundaria (TTE) a principios de los años setenta, proceso que se dio durante la dictadura. Estas instituciones fueron criticadas por servir a los intereses del capital extranjero y contribuir a un desarrollo económico dependiente. El Plan Regional Mediterráneo de la OCDE, que promovía la educación técnica y vocacional superior, se vinculó a la escuela modernista del desarrollo y fue duramente cuestionado por supuestamente obstaculizar el fortalecimiento de las instituciones educativas nacionales y la autosuficiencia.

Dificultades en la modernización del sistema educativo griego

Los académicos atribuyeron el fracaso de los KATEE a factores sociales (los estudiantes preferían la universidad, la única educación valorada) y políticos (los KATEE atendían metas financieras limitadas). Las reformas de los años 60 y 70 se inscribieron en una planificación basada en las "necesidades de mano de obra", lo que redujo el número de ingresantes a la educación superior.

Las prioridades de modernización y desarrollo económico siguieron dominando la agenda educativa. Desde principios de los años 80 se promulgaron dos leyes fundamentales: la Ley 1268/1982, que reestructuró las universidades, y la Ley 1404/1983, que estableció los Institutos Técnicos Superiores (TEI). La creación de los TEI respondía a los objetivos de modernizar el sistema de educación superior y favorecer un desarrollo autosostenible que permitiera a Grecia integrarse al grupo de "Estados avanzados".

Los TEI, surgidos a principios de los 80, representaron una versión de la modernización del sistema universitario dentro del proyecto del gobierno socialdemócrata de la época. La educación debía impulsar cambios sociales al mismo tiempo que se transformaba a sí misma. La presión por modernizar y democratizar la educación también estaba vinculada al alto valor que la sociedad griega otorgaba a la enseñanza.

Sin embargo, los académicos señalaron que la falta de cambios profundos en el contexto social y la naturaleza del Estado griego limitó el impacto de estas innovaciones. En los años 80 y 90 no se produjeron reformas radicales; las leyes de reorganización universitaria se sucedieron con pequeñas modificaciones, mientras la Ley 1268/1982 seguía siendo la norma dominante. Los debates públicos sobre la universidad en el contexto europeo casi no existían en Grecia, y no había un proceso nacional de evaluación de la calidad educativa. Las discusiones que sí surgían giraban en torno a una modernización que chocaba con un mercado laboral estancado y con problemas socio‑económicos y políticos más amplios. La cuestión de la modernización volvió al debate cuando Grecia aspiró a unirse a la Unión Europea en igualdad de condiciones.

La eficiencia económica, tema central en la década anterior (cuando se crearon los KATEE para formar mano de obra técnicamente cualificada y aliviar la presión de admisión universitaria), siguió marcando las reformas de los 80. Los TEI debían contribuir a la modernización y al desarrollo económico autosustentable, colaborando con las universidades para crear una infraestructura científica y tecnológica orientada a la aplicación local y a la relación bidireccional con empresas productivas. El modelo adoptado se basó en experiencias internacionales, en concreto en el modelo de educación superior propuesto por la UNESCO.

Otro aspecto de la efectividad era la armonización del sistema de educación superior. Los TEI, ampliados y mejorados, aliviaban a las universidades del gran número de estudiantes en un contexto de alta demanda social. Esta armonización se tradujo en mayor autogobierno institucional, leyes de libertad académica, procesos de toma de decisiones democráticos y en la exigencia de altas cualificaciones académicas para el cuerpo docente de los TEI. Se pretendía racionalizar el sistema ofreciendo programas vinculados a especializaciones productivas y creando una división del trabajo entre los graduados universitarios, de orientación teórica, y los egresados de TEI, de perfil más práctico.

El concepto de igualdad evolucionó. En la década de 1960 se centraba en la expansión del sistema educativo (reforma de 1964) y en la democratización (reforma 1976‑1977), sin prestar mucha atención a la educación técnica superior. En los años 80, la igualdad significó la expansión de todo el sistema de educación superior y la mejora de la educación tecnológica. La creación de los TEI se insertó en una lógica de reducción de la desigualdad de oportunidades educativas, bajo un enfoque de "demanda social" en la planificación. Se ampliaron los tipos de programas y el número de estudiantes, especialmente en los TEI, como argumento de igualdad de oportunidades.

Estas iniciativas se enmarcaron en la idea de que la educación sirve a las personas, forma su identidad social, conciencia y pensamiento crítico, y reduce la desigualdad de oportunidades. No obstante, se argumentó que las medidas de democratización legitimaban desigualdades socio‑económicas, ya que la mayoría de los estudiantes de TEI provenían de clases trabajadoras.

A pesar del creciente desempleo, sobre todo entre los egresados de TEI, la promoción del sector no universitario continuó durante los años 90, impulsada por la necesidad de ampliar la oferta terciaria y evitar que más estudiantes griegos estudiaran en el extranjero.

En resumen, la agenda estatal equilibró tensiones entre igualdad y eficiencia. Con la llegada al poder del gobierno socialdemócrata, se buscó armonizar el sistema de educación superior, enfatizando la aplicación práctica de la ciencia y el aporte de la educación tecnológica a la igualdad de pensamiento y acción.

En la década de 1980, la creación del sector no universitario (TEI) representó una expresión de modernización orientada al desarrollo económico autosustentable, sin que el concepto de "mercado" influyera aún en la política educativa griega, a diferencia de países como Francia o Alemania. La falta de resultados en eficiencia económica se debió al contexto económico y político particular de Grecia y, sobre todo, a la necesidad de aliviar a las universidades de la enorme demanda social de educación superior.

Así, la educación tecnológica se amplió y se facilitó el acceso, pero en un contexto sociocultural donde estudiantes y familias valoraban casi exclusivamente la educación universitaria, lo que explica la persistencia del "sesgo académico" del sector no universitario en décadas posteriores.

*Eleni Prokou es profesora asociada de Política Educativa en el Departamento de Política Social de la Universidad Panteión de Ciencias Sociales y Políticas.