Introducción
La época arcaica de China está envuelta en misterio, como ocurre con muchas civilizaciones antiguas que aún no habían desarrollado la escritura. Gran parte de lo que sabemos de los primeros milenios proviene de reconstrucciones arqueológicas.
En el siglo II a.C. una serie de incendios destruyó una gran cantidad de fuentes escritas, lo que complicó aún más la tarea de los historiadores. La tradición historiográfica china comienza con Sima Qian, considerado el primer historiador chino. Su obra monumental recopila siglos de tradición oral y lo ha convertido en el «Herodoto» de China.
La era de los Tres Augustos y los Cinco Emperadores
Según Sima Qian, la historia de China inicia alrededor del 3500 a.C. con la era de los Tres Augustos y los Cinco Emperadores, una etapa donde mito e historia se entrelazan, similar a la prehistoria del Antiguo Egipto.
Dinastía Xia (c. 2100‑1600 a.C.)
La primera dinastía reconocida es la Xia. En esta época el gobernante no ejercía un poder político real, sino que era una figura religiosa encargada de los ritos y ceremonias.
Durante la Xia, según la tradición, se formó la primera organización estatal y se consolidó la sucesión hereditaria, sentando las bases para la posterior unificación bajo la dinastía Qin.
Arqueológicamente, el sitio de Erlitou (actual Yanshi, provincia de Henan) ha revelado estructuras de gran envergadura que indican una sociedad con mano de obra especializada, un sistema fiscal y una administración avanzada.
Dinastía Shang (c. 1600‑1040 a.C.)
Tras el declive de la Xia, el centro de la civilización se trasladó a la dinastía Shang, también conocida como dinastía Yin, que dominó el valle del río Amarillo durante seis siglos.
Los Shang desarrollaron una economía agrícola complementada por una ganadería más intensiva. En el ámbito tecnológico, fueron los primeros en el Este en trabajar el bronce, marcando la entrada a la Edad del Bronce, la aparición de la escritura y la producción de cerámica ornamental.
La capital Shang se mudó varias veces; la última fue a Yin‑Xu alrededor del 1350 a.C., señal de un cambio en el poder central. Los últimos dos siglos de los Shang se consideran una edad de oro.
Dinastía Zhou y la era de los Reinos Combatientes (c. 1040‑221 a.C.)
En 1056 a.C., la batalla de Muye dio paso a la dinastía Zhou, originaria del este de China. Los Zhou mantuvieron el poder durante más de ocho siglos, aunque a partir del siglo V a.C. el reino se fragmentó.
Este periodo vio nacer a figuras clave como Confucio y Lao‑Tsé, fundadores del confucianismo y el taoísmo, pilares del pensamiento chino.
La desintegración del Zhou produjo tres estados principales —Han, Wei y Zhao— que a su vez se dividieron en siete reinos: Han, Zhao, Wei, Yan, Qin, Qi y Chu. Durante más de dos siglos estos reinos se enfrentaron en la llamada Era de los Reinos Combatientes.
Unificación bajo la dinastía Qin
La victoria de Qin sobre los siete reinos marcó la reunificación de China y el nacimiento del primer imperio chino. Los cargos tradicionales y la autoridad ritual del rey fueron sustituidos por un poder político y militar centralizado.