Introducción
El 20 de septiembre de 1870 la toma de Roma se convirtió en el punto culminante de la unificación italiana. Sin embargo, su repercusión trasciende las fronteras de Italia y se sitúa, a nivel internacional, al mismo nivel que la toma de la Bastilla en 1789 y la captura del Palacio de Invierno en 1917.
Un hito comparado con la Revolución Francesa y la Revolución Rusa
La asunción de la Bastilla marcó el inicio simbólico de la Revolución Francesa, rompiendo con el Antiguo Régimen monárquico. De forma análoga, la caída del Palacio de Invierno simbolizó el fin del poder zarista en Rusia. La toma de Roma completa este triángulo de eventos que, junto con el Congreso de Viena y las revueltas de 1848, representan la transición del viejo orden feudal‑monárquico al mundo moderno.
La Bastilla: un símbolo político y estratégico
En 1789 la Bastilla era vista como la encarnación del despotismo real. Aunque su contenido militar —aproximadamente 250 barriles de pólvora y 28 000 rifles— era modesto, el valor simbólico del asalto superó con creces cualquier ventaja táctica.
El Palacio de Invierno: el fin del zarismo
En 1917 la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques selló el colapso del imperio zarista y abrió paso al nuevo orden soviético.
El Antiguo Régimen y su última defensa: el Estado Pontificio
Tras el Congreso de Viena (1815) el Papa recuperó un territorio que se convirtió en el Estado Pontificio, una monarquía absoluta que perduró hasta 1870. La revolución de 1848 puso en entredicho la legitimidad basada en el "mandato divino" y abrió la puerta a la soberanía popular, como explicó Max Weber.
Mientras que Rusia, el Imperio Otomano y el propio Estado Pontificio mantenían la herencia del Antiguo Régimen, la unificación italiana amenazaba con eliminar la última barrera interna a la modernidad europea.
Por qué la toma de Roma se dio en 1870 y no antes
En 1860 el Papa, aunque debilitado, contaba con el respaldo de Austria, Francia, España y el Reino Unido. Además, la anexión del territorio papal implicaba un conflicto directo con potencias que todavía defendían la legitimidad monárquica.
En 1870 la situación había cambiado: la apertura del Canal de Suez (1869) revitalizó el comercio mediterráneo y otorgó a Italia una nueva posición estratégica. Sin el apoyo de las grandes potencias, el Estado Pontificio quedó aislado y vulnerable.
Consecuencias de la toma de Roma
La captura de Roma selló el último acto del proceso de unificación italiana y, al mismo tiempo, marcó el fin definitivo del poder político papal en Europa. El Antiguo Régimen, que había sobrevivido en pocos enclaves, desapareció con la incorporación del Estado Pontificio al Reino de Italia.
Bibliografía
Bibliografía M. Borgogni, La gloria effimera. Fuerzas armadas y voluntarios de la primera guerra de independencia a la brecha de Porta Pia (1848‑1870) G. Darby, The Unification of Italy A. M. Banti, Il Risorgimento Italiano G. Pécout, Il lungo Risorgimento. La nascita dell'Italia contemporanea G. Calchi Novati, Il canale della discordia. Suez e la politica estera italiana E. Hobsbawm, Il trionfo della Borghesia A. M. Banti, L'età contemporanea. Dalle rivoluzioni settecentesche all'imperialismo