Contexto histórico
En el año 48 a.C. Egipto estaba sumido en una sangrienta lucha fratricida por el trono entre Ptolomeo XIII y su hermana Cleopatra. Con la amenaza de perder el poder, la joven reina buscó la protección del poder romano que, en ese momento, se encontraba en Alejandría tras la derrota de Pompeyo.
La audaz maniobra
Conocedora de su propio encanto y de la situación política, Cleopatra ideó un plan ingenioso para presentarse ante Julio César sin ser detectada por los guardias. Pidió la ayuda de una leal sirvienta y se envolvió en una gran alfombra —o en una de esas bolsas de yute usadas para transportar tapices preciosos— que fue llevada directamente al palacio donde César se hospedaba.
Una vez dentro, la alfombra fue desplegada y la reina emergió con toda su majestuosidad. El senador romano quedó deslumbrado por su belleza y carisma.
La pasión entre ambos estalló esa misma noche y se prolongó durante los meses siguientes. La estratagema no solo le aseguró la protección deseada, sino que también dio origen a una relación que combinó intereses políticos con un evidente vínculo afectivo.
De esa unión nació su hijo, conocido como Cesarión, cuyo destino estuvo marcado por la tragedia.