Los perfumes en la Antigua Roma
En la época imperial los perfumes eran extremadamente populares y los utilizaban personas de todas las edades y géneros.
Los artesanos romanos los elaboraban mediante la maceración de flores, hierbas y resinas en aceites vegetales. A principios del siglo I d.C. existían tiendas especializadas dedicadas exclusivamente al envasado de estas aromáticas.
Como en cualquier sociedad, había fragancias de lujo para la élite y versiones más económicas para la población general. Las primeras se conservaban en ampollas de alabastro, material costoso y decorado, mientras que las segundas se guardaban en simples botellas de vidrio, accesibles para los menos acomodados.
El uso de perfumes no estaba limitado a las mujeres; muchos hombres también los empleaban, aunque algunos los consideraban una frivolidad innecesaria. El propio emperador Vespasiano, conocido por su carácter rústico, es citado en una anécdota de Suetonio que lo muestra escéptico ante el perfume (ver anécdota).
Así, la distinción entre “rico” y “pobre” también se reflejaba en el material del envase, pero el placer de la fragancia seguía siendo parte esencial de la vida cotidiana romana.