La elección presidencial de EE. UU. en 2016 y la revolución tecnológica
La campaña de 2016 se convirtió en un experimento de destrucción mediática. La forma más influyente de comunicación política fue el perfil de Twitter de Donald Trump, lo que provocó una crisis de credibilidad en los medios tradicionales. Fuentes anónimas y filtraciones, muchas vinculadas a la supuesta “granja de trolls” rusa, alimentaron la desconfianza del público.
Una contienda de caballos y jinetes
Se presentaron 17 aspirantes a la nominación republicana. En la convención, los jefes de campaña describieron a sus candidatos como jinetes hablando de sus caballos y de la pista. Marco Rubio dijo que "nuestra estrategia no era mirar hacia arriba", mientras que Scott Walker habló de "un juego a largo plazo". Ted Cruz describió la pista en la que corría su caballo.
Corey Lewandowski, antiguo jefe de campaña de Trump y analista de CNN, sostuvo que el caballo de Trump era "el mejor, el más bonito y el más rápido", compitiendo en "la carrera más inconformista de la historia de la presidencia". A diferencia de Mitt Romney, que en 2012 cambió de limusina a Chevrolet para llegar a una reunión, Trump siempre voló en su propio jet.

Lewandowski afirmó que el objetivo era presentarse como populistas orgullosos de su riqueza, monopolizando la atención mediática a través de las redes sociales. "Sabíamos que cuando Trump tuiteaba, Fox News lo cubría en vivo".
Los métodos tradicionales —periódicos y comunicados de prensa— quedaron relegados. "Trump compra tinta para las cadenas de TV", comentó Lewandowski, señalando que la campaña no compitió en pistas, sino en los cielos.
El papel engañoso de las encuestas
Lindsey Graham señaló que la decisión de Fox News de usar encuestas para determinar quién debatía en la primara fue decisiva. En 2016, las encuestas se convirtieron en un escándalo comparable al famoso "Dewey venció a Truman". En 2012, 1.200 organizaciones realizaron 37.000 encuestas, haciendo más de tres mil millones de llamadas, pero más del 90 % de los estadounidenses se negaron a responder.
Un estudio de 2013 reveló que tres de cada cuatro estadounidenses no confiaban en las encuestas, y nueve de cada diez evitaban responder, lo que anulaba prácticamente cualquier resultado.

El libro de Jill Lepore "We, the Nation. The New History of the United States" (publicado por Wydawnictwo Poznańskie) cita que, tras el primer debate, la campaña de Trump anunció que había dominado la encuesta de Time, aunque la propia publicación advirtió que "los resultados no tenían base científica".
¿Qué salió mal para los demócratas?
Todas las principales casas de estudio pronosticaron la victoria de Hillary Clinton. Clinton ganó el voto popular, pero Trump se llevó el Colegio Electoral. En la reunión de la Escuela Kennedy se intentó entender el porqué.
Robbie Mook, jefe de campaña de Clinton, recordó que ella ingresó a la política electoral tarde y se enfocó en la recaudación con donantes adinerados, descuidando los estados pendulares y a los trabajadores blancos. Su estrategia se limitó a atacar el carácter de Trump, una táctica que, según sus propios asesores, resultó ineficaz.
Incluso cuando el personal de Clinton pensó que la carrera de Trump había terminado tras los escándalos, los votantes conservadores siguieron apoyándolo. Ann Coulter, en su polémico libro "In Trump We Trust", afirmó que los electores no se preocuparían por la personalidad de Trump, pues "puede hacer cualquier cosa y será perdonado".
Fuente
Extracto del libro de Jill Lepore We, the Nation. The New History of the United States, publicado por Wydawnictwo Poznańskie.