En 1993, una orden dublinesa vendió el terreno a un promotor. Durante la construcción se descubrió una fosa colectiva con 155 cuerpos femeninos, revelando los oscuros secretos de una institución que supuestamente ayudaba a los "perdidos".
Según la tradición católica, María Magdalena es presentada como la mujer caída que, tras encontrar a Jesús, se convirtió en una de sus discípulas más fervientes. Esa imagen, todavía polémica, sirvió de cubierta para graves delitos.
María Magdalena es la patrona de la Congregación de las Hermanas de Santa María Magdalena de Penitencia, fundada en el siglo XIII. Su lema era rescatar a las mujeres "desviadas" del camino del pecado mediante oración, silencio, trabajo, ayuno y mortificaciones.
A mediados del siglo XIX, se establecieron numerosos asilos Magdalen en Gran Bretaña e Irlanda. Originalmente eran refugios temporales para prostitutas, madres solteras y víctimas de violencia doméstica, que podían acudir voluntariamente en busca de descanso y una segunda oportunidad.
Con el tiempo, esos refugios se transformaron en prisiones donde mujeres y niñas eran sometidas a trabajos forzados y, en muchos casos, la muerte era la única salida.
Los lavaderos Magdalen
Cuando Irlanda recuperó su independencia a principios de los años 20, la Iglesia católica asumió la gestión de los asilos, empeorando las condiciones de vida y trabajo de sus internas.
Pronto, el ingreso ya no se debía solo a la necesidad de refugio. Además de prostitutas y criadas embarazadas, se internaron niñas con problemas mentales o judiciales:
El 26 % de las mujeres detenidas en los asilos de Irlanda fueron ingresadas por instituciones estatales, el 10 % por sus familias y el resto por sacerdotes o cuidadores de orfanatos.
En los lavaderos, las mujeres eran obligadas a trabajar más allá de sus capacidades.
Incluso se podía "ganarse" el envío a un convento por ser demasiado atractiva o coquetear con chicos. Muchas de las penitentes eran niñas que aún no habían llegado a la pubertad y que se convertían en una carga para las cuidadoras.
Al exterior, los asilos se presentaban como hogares de acogida donde se ofrecía refugio y empleo –principalmente en lavanderías, de ahí el nombre de lavaderos Magdalen–, pero tras sus puertas se ocultaba un horror silenciado.
Santuarios del infierno
Una vez encerradas, a las penitentes les cambiaban el nombre y les privaban de todos sus derechos. A menudo les cortaban el cabello al ras. Familiares y amistades eran separadas y enviadas a otras instituciones.
Ventanas con rejas, puertas con candados, muros altos coronados de alambre de púas y nula comunicación con el exterior. Estas órdenes funcionaban más como prisiones que como lugares de arrepentimiento.
El trabajo en la lavandería, supuestamente símbolo de purificación, se traducía en agotamiento: seis días a la semana, diez horas diarias, sin salario alguno. Además, regía una estricta regla de silencio y cualquier desobediencia era castigada física y psicológicamente –latigazos, desnudamiento y humillaciones eran habituales.
Las jóvenes embarazadas eran separadas de sus hijos, muchas veces contra su voluntad, lo que destrozaba su salud mental. Algunas también sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes.
Placa conmemorativa de las penitentes del asilo Magdalenki.
Escapar de ese infierno era casi imposible. Sólo podían salir a petición de un familiar masculino –padre, hermano u otro pariente–. El aislamiento total hizo que muchas vivieran sus últimos días en el convento, permaneciendo anónimas para el mundo.
Arrepentimiento por los pecados
El último asilo Magdalen cerró sus puertas en 1996. Ese hecho impulsó a tres antiguas internas –Mary Norris, Josephine McCarthy y Mary‑Jo McDonagh– a denunciar la realidad de vida bajo las monjas. Sus testimonios inspiraron documentos y dos películas: "Sisters of Magdalene" y "The Secret of Philomena", con Judi Dench.
Se estima que alrededor de 30 000 mujeres pasaron por estos asilos, la mayoría permaneciendo sin nombre.
En febrero de 2013, el primer ministro irlandés Enda Kenny calificó oficialmente a los lavaderos como una "vergüenza nacional" y pidió disculpas a todas las mujeres que sufrieron esas tragedias.