Introducción
Suetonio, el cronista más chismoso de la Antigua Roma, nos legó biografías de los emperadores que no sólo analizan su conducta moral, sino también sus peculiaridades físicas. Con su característico toque de ironía, el autor describe defectos que resultan tan cómicos como reveladores.
Augusto
El primer princeps, Augusto, es recordado como un hombre inteligente y astuto, capaz de mantener su poder durante décadas. Sin embargo, Suetonio menciona que padecía insomnio crónico, lo que le obligaba a deambular nervioso por el palacio durante la noche y a pasear bajo los arcos en las cálidas tardes de verano.
Además, el historiador señala que su cuerpo estaba cubierto de manchas antiestéticas, que caminaba con cojera y que tenía una marcha torpe. Para empeorar la imagen, el emperador se rascaba continuamente con las uñas.
Galba
Galba, elegido tras la muerte de Nerón, no gozó de una imagen más favorable. Suetonio lo describe como bajo, encorvado, de ojos azules y nariz aguileña. Sus manos y pies estaban deformados por la gota, enfermedad que padecía, lo que le confería una apariencia que el autor califica de "la esencia misma de la fealdad".
Claudio
Antes de ser nombrado sucesor de Calígula, Claudio era objeto de burlas constantes. Los niños le lanzaban huesos de oliva y dátiles mientras descansaba la siesta. Suetonio añade que el emperador era psicológicamente inestable y lo describe como completamente inepto, una visión que refleja la falta de respeto que su figura generaba en la época.
Estas anécdotas, aunque a veces exageradas, nos permiten conocer un lado más humano y a veces ridículo de los grandes personajes de la historia romana.