Introducción
El Holocausto, genocidio de los judíos europeos perpetrado por el Tercer Reich, marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea y planteó preguntas que aún nos persiguen. En los momentos de olvido, recordamos que este acontecimiento tuvo alcance global y, por tanto, ningún país pudo quedar ajeno a sus consecuencias.
El Holocausto y Grecia
Al igual que en el resto de Europa, la exterminación de los judíos griegos no fue un asunto exclusivamente judío, sino un episodio que involucró a toda la sociedad. El antisemitismo ya estaba presente en Grecia mucho antes del estallido de la guerra, y la comunidad judía fue arrastrada al «Plan Final» ideado y ejecutado por los nazis en todo el continente.
Los procesos políticos y sociales de la Grecia ocupada no explican por completo la magnitud del exterminio, pero sí revelan cómo la ocupación y la reacción (o falta de ella) de la población ayudaron a comprender la profundidad de la tragedia.
La persecución de los judíos griegos
En 1940, la comunidad judía en Grecia contaba con aproximadamente 70.000 personas; más de 50.000 fueron asesinadas en campos de exterminio, lo que representa una tasa superior al 70 %. En contraste, Bélgica perdió el 37 % y Francia el 30 % de sus judíos. Durante décadas, los supervivientes guardaron silencio, incapaces de articular su trauma y, a menudo, temerosos de manifestar su identidad judía.
El antisemitismo hoy
En la década de los 90 y años posteriores, Europa vivió un proceso de “reconciliaciones” y revisión de narrativas nacionales sobre la guerra. En Grecia, sin embargo, persiste una escasa reflexión sobre la relación entre justicia, conflictos de clase, reconstrucción socio‑económica, identidad y democratización del periodo de posguerra.
Los actos vandálicos contra cementerios, sinagogas y monumentos del Holocausto se registran con frecuencia, incluso en ciudades donde quedaba una mínima comunidad judía, como Kavala. Según una encuesta de la Anti‑Defamation League (2016), Grecia encabeza Europa con un 67 % de actitudes antisemitas, muy por encima de Polonia (45 %) y Francia (37 %).
En la esfera política, no solo la extrema derecha de Golden Dawn replica la propaganda nazi; también voces dispersas de parlamentarios y líderes utilizan teorías conspirativas y culpan a los judíos de problemas educativos, eclesiásticos y financieros.
Un caso emblemático es el del diputado de Nueva Democracia, Adonis Georgiadis, quien durante años negó la existencia del Holocausto y promovió obras revisionistas. Su reciente visita a Auschwitz parece haberle hecho reconsiderar, aunque su influencia sigue siendo significativa para una parte del electorado.
Reflexión final
El genocidio de los judíos europeos constituye, para la sociedad griega y gran parte de Europa, un trauma colectivo no procesado que sigue marcando la conciencia histórica. La falta de educación adecuada y el etnocentrismo alimentan el racismo, el antisemitismo y la xenofobia.
Aunque se han impulsado iniciativas a lo largo de décadas, la presencia judía en Grecia apenas aparece en los libros de historia del siglo XXI. El antisemitismo persiste, camuflado y latente, listo para reaparecer cuando menos se lo espera, recordándonos el odio inextinguible que ha perdurado durante siglos.