Descubrimiento de los fósiles fúngicos más antiguos
Los hongos tienen una prehistoria mucho más antigua de lo que los científicos habían estimado. Los fósiles de hongos más antiguos, con una antigüedad entre 715 y 810 millones de años, fueron hallados olvidados en un museo belga y son al menos 250 millones de años más viejos que el registro anterior, que databa de 460 millones de años.
Este hallazgo ilumina la prehistoria de los hongos y, en general, el "libro de la vida" de la Tierra. Aunque los hongos son esenciales para los ecosistemas, su conocimiento es limitado, salvo por algunas setas. Hasta la fecha se han descrito alrededor de 100 000 especies, pero se estima que podrían existir hasta 3,8 millones.
El equipo liderado por el profesor Steve Bonville de la Universidad Libre de Bruselas publicó los resultados en la revista Science Advances, según New Scientist y National Geographic. Los fósiles fueron encontrados en el Museo Real de África Central de Bélgica; originalmente se habían extraído de rocas del antiguo Congo belga y permanecieron durante décadas sin ser estudiados.
«Este descubrimiento obliga a replantear la línea temporal de la evolución de los organismos en la Tierra. El siguiente paso será buscar en rocas aún más antiguas evidencia de estos microorganismos, que están en la base del reino animal», explicó Bonville.
Los hongos desempeñan funciones invisibles pero vitales: descomponen materia orgánica, reciclan nutrientes, facilitan el crecimiento de las plantas al proporcionarles alimento y agua, y son esenciales en procesos de fermentación que producen alcohol, pan y otros alimentos. Además, muchos antibióticos se derivan de ellos.
El pasado remoto de los hongos sigue siendo en gran parte misterioso y el registro fósil presenta grandes lagunas. Hace 700‑800 millones de años la Tierra estaba casi desprovista de vida compleja; probablemente solo había biofilm de bacterias. Las plantas y los animales aparecerían mucho después (≈300 millones de años). En el supercontinente Rodinia, los hongos probablemente se alimentaban de materia orgánica de cianobacterias y algas fotosintéticas, en los márgenes de lagos o aguas poco profundas.
Puedes consultar el estudio científico completo aquí.