El investigador de los Manuscritos del Egeo, Minas Tsikritsis, propone una sorprendente relación entre Stonehenge y la civilización minoica, concretamente con el llamado «mecanismo de Palaikastro». Según él, al superponer el plano del disco de Palaikastro sobre un boceto de Stonehenge aparecen coincidencias numéricas y estructurales que no podrían ser aleatorias.
Similitudes numéricas
Al alinear el eje de simetría del disco con la línea que marca el solsticio de verano en Stonehenge, Tsikritsis señala:
- Los grabados 14‑15 (arriba) y 16‑14 (abajo) del disco coinciden con los círculos G′ y Y′, que representan los 29 y 30 monolitos exteriores de Stonehenge.
- Los 29‑30 grabados del círculo interior del disco se corresponden con los dos anillos de agujeros Z′ (29) y Y′ (30) de Stonehenge, número que refleja la duración media de un mes lunar (≈29,5 días).
- Los 59 grabados del disco podrían relacionarse con el círculo de 59 bluestones que rodea los cinco trilitos.
- Los 57 agujeros de los Aubrey Holes se asocian al círculo exterior del disco, que cuenta con 58 huecos.
- Los 19 piedras en forma de herradura de Stonehenge coinciden con 19 pequeños agujeros del disco situados en la zona de la cruz interior.
Estas coincidencias, según Tsikritsis, indicarían una comunicación directa entre la civilización minoica y los constructores de Stonehenge.
Contexto histórico y arqueológico
El investigador cita a Diodoro, quien menciona un templo circular dedicado a Apolo en Creta, y sugiere que los minoicos pudieron haber mantenido contactos con los «hiperbóreos» del norte, incluidos los habitantes de la isla de Britania. Además, destaca que la fase III del herradura de bluestones de Stonehenge se data entre 2200‑1600 a.C., periodo coincidente con el llamado «Calculador Minoico», cuya datación se sitúa en el siglo XII a.C.
Según el arqueólogo Andrew Fitzpatrick, el túmulo de Toxotis, fechado por radiocarbono alrededor de 2200 a.C., contiene monolitos extraídos de canteras galesas y utilizados durante unos 1.500 años como lugar de culto y observatorio astronómico.
Grabados y escritura
Un estudio con escáner láser realizado en 2003 reveló nuevos petroglifos en Stonehenge, además de las dos espadas ya conocidas. Algunos de estos símbolos, encontrados en la cara interior del sarsen 53, podrían leerse como "to‑na", que en griego antiguo (στῖον) significa «piedra». Otros grabados se asemejan a sílabas de la escritura lineal A, como el carácter «na», asociado a la palabra griega «ναφος» (tumba).
Tsikritsis interpreta estos signos como marcas de los talladores de piedra (los llamados «tekton marks») que indicaban la finalización del trabajo y la preparación para el transporte, sugiriendo que fueron realizados por artesanos minoicos.
Etymología de "Stonehenge"
El investigador propone una etimología grecolatina: "Stone" derivaría del griego "stion" (piedra) y "henge" del noruego "hengja" (colgar), vinculado al griego antiguo "ἀγχοῦν" (ahogar). Según esta hipótesis, el monumento habría servido también como terapia para personas con dificultades respiratorias, ya que el paso entre los trilitos produciría una sensación de "ahogo" que, paradójicamente, curaría la ansiedad.
Descripción del monumento
Stonehenge es un complejo megalítico ubicado en Wiltshire, Inglaterra, cuya arquitectura se basa en observaciones astronómicas. Sus elementos principales son:
- Los cinco trilitos centrales, formados por dos postes verticales de unos cuatro metros y un dintel horizontal.
- Una herradura de 19 bluestones rodeando el espacio central, con un altar de arenisca gris‑azulada de 4,8 m.
- Un círculo interno de 59 bluestones (el "Círculo de los Bluestones").
- El "Círculo de Sarcen", compuesto por 30 ortolitos unidos por linteles curvos, de los cuales 19 se conservan.
- Los anillos exteriores: el de 29 agujeros (Z′), el de 30 agujeros (Y′) y el círculo final de 57 agujeros (Aubrey Holes) con diámetro de 110 m.
- La línea axial que pasa por los sarsen 15 y 16 y el Altar Stone, apuntando al amanecer del solsticio de verano y alineada con el Heel Stone.
El eje fue calculado por el astrónomo Lockyer (1906) para funcionar alrededor del 1650 a.C. Aunque en la Edad Media se le atribuyó a los druidas celtas, la evidencia arqueológica sitúa su origen en el segundo milenio a.C. Las civilizaciones mesopotámicas y egipcias no construían estructuras circulares de piedra, mientras que la arquitectura circular sí aparece en la cultura minoica‑micénica, reforzando la hipótesis de Tsikritsis.