El inesperado aterrizaje de Rudolf Hess en Gran Bretaña
En 1941 el segundo al mando de Hitler, el coronel Rudolf Hess, se lanzó en un avión y se estrelló sobre suelo británico con la intención de negociar la paz. El gobierno de Winston Churchill, aunque reacio a tratar con él, aprovechó la oportunidad para interrogar al prisionero más importante de la Segunda Guerra Mundial. Las conversaciones, grabadas por los servicios de inteligencia, fueron recopiladas por Stephen McGinty en The Secret Life of Rudolf Hess.
Una visión errónea de la guerra
Hess estaba convencido de que la guerra había sido provocada por Winston Churchill, a quien describía como el artífice de una conspiración para destruir a Alemania. Ignoraba, sin embargo, que Churchill permaneció al margen de la política hasta septiembre de 1939.
Polonia y el papel del Reino Unido
Según sus declaraciones, los polacos fueron arrastrados al conflicto por la conducta británica. Afirmaba que el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Józef Beck, estaba dispuesto a pactar con Alemania y que, cuando el ministro británico Lord Beaverbrook le preguntó si Beck estaba bajo la influencia de Hitler, Hess respondió afirmativamente.
Los aliados del Este: Japón y China
Hess describía a los japoneses como poco fiables y “sobreexpuestos a Australia”, mientras que alababa al líder chino Chiang Kai‑shek, a quien consideraba “honesto y fiable”.
Religión y el proyecto de una nueva fe alemana
El adjunto de Hitler mostraba una contradicción curiosa: por un lado admitía creer en el destino, la clarividencia y los fantasmas; por otro, condenaba duramente al cristianismo, calificándolo de “cuento judío”. Declaraba que “pronto los alemanes abolirán el cristianismo y lo sustituirán por una nueva religión germánica”. Según McGinty, Hess sí creía en una vida después de la muerte, pero no en un cielo tradicional.
Crímenes de guerra y el Holocausto
Hess se mostraba incapaz de reconocer los crímenes cometidos por el ejército alemán. Afirmaba que los sacerdotes polacos fueron fusilados porque eran espías, pero negaba rotundamente cualquier agresión contra los judíos, sosteniendo que Hitler solo planeaba «expulsar a los semitas de Europa», no exterminarlos.
Curiosidades y últimos años
En una conversación con el agente británico Frank Foley, Hess confesó que deseaba construir una casa de campo en Escocia y pidió libros de arquitectura inglesa. Más tarde cambió de opinión, asegurando que, una vez que Alemania conquistara Europa, regresaría a Alemania en lugar de asumir el cargo de gobernador de una futura colonia.
Fuente
Stephen McGinty, The Secret Life of Rudolf Hess, Character Litanova, 2012.