“Dicen que el mayor orgasmo es la muerte, así que espero que moramos juntos con placer”, escribió una seguidora de Jim Jones. Poco después, su sueño se hizo realidad: más de 900 miembros del Templo del Pueblo se suicidaron bajo las órdenes de su gurú. ¿Fue realmente una decisión voluntaria?
En un primer vistazo, la colonia de Jonestown, en Guyana, parecía una utopía socialista: prosperidad, igualdad racial y económica, y una vida comunitaria feliz. Sin embargo, la realidad era mucho más oscura.
Utopía socialista o pesadilla totalitaria
Jim Jones, un joven predicador metodista de 25 años, fundó el Templo del Pueblo en 1956, protestando contra el racismo y la discriminación en las iglesias tradicionales. Jones se autodenominaba "el comunista más puro" y, gracias a su carisma, el movimiento creció rápidamente.
“Tenía un don extraordinario: al conocer a alguien, percibía al instante lo que más le importaba y lograba convencerlo de que compartía sus intereses”.
En su apogeo, el Templo llegó a contar con alrededor de 30 000 seguidores y poseía más de 15 millones de dólares. La comunidad proclamaba valores socialistas de igualdad, pero pronto surgieron denuncias de prohibiciones extremas, explotación, intimidación a ex‑miembros y graves delitos financieros cometidos por Jones.
Ante la presión mediática, Jones y un grupo de fieles huyeron a la selva de Guyana en 1974, donde fundaron Jonestown, una supuesta colonia socialista aislada del mundo.
Control total y abusos sexuales
En Jonestown, las restricciones iban más allá del alcohol: Jones vigilaba la vida sexual de sus seguidores y, según el escritor Jeff Guinn, estaba a un paso de prohibir el sexo por completo.
“Jones creía que todas las mujeres estaban atraídas por él y mantenía relaciones sexuales esporádicas, muchas veces forzadas, con jóvenes devotas”.
Las mujeres que se resistían eran violadas. Casos documentados incluyen a Debbie Layton y a la de 19 años Shanda James, a quien Jones violó después de drogarla.
Además, se reportaron actos de homosexualidad forzada y pedofilia, uso de fondos del Templo para gastos personales, y una creciente adicción a anfetaminas que alimentó su paranoia.
La crisis financiera y la búsqueda de apoyo soviético
Jonestown sufría un déficit mensual de al menos 100 000 USD. Aunque Jones tenía ahorros estimados en más de 30 millones, esos fondos no bastaban para mantener la colonia. Intentó abrir una cadena de discotecas en Guyana y buscó el apoyo de la URSS, promesa que nunca se materializó.
El desencadenante: la visita de Leo Ryan
En noviembre de 1978, el congresista estadounidense Leo Ryan viajó a Jonestown para investigar denuncias de abusos. Tras permitir que varios miembros abandonaran la colonia, la aeronave que los llevaba fue atacada por guardias del Templo, provocando la muerte de Ryan y cinco personas más.
Temiendo represalias, Jones activó el plan de “suicidio colectivo”. Ordenó la compra de una libra de cianuro, suficiente para 1 800 dosis letales, por 885 USD.
La “noche blanca”
El 18 de noviembre de 1978, bajo la dirección de Jones, se inició la ingestión del veneno. Primero se obligó a los niños a beber la mezcla; luego se forzó a los adultos, muchos de los cuales fueron inyectados a la fuerza. El cianuro provocó convulsiones, vómitos sangrientos y una agoniosa muerte por asfixia.
Se estima que entre 20 % y un 33 % de los presentes fueron obligados a ingerir el veneno contra su voluntad. En total, murieron 909 personas, incluidos aproximadamente 300 niños.
¿Suicidio masivo o asesinato?
Mientras algunos líderes del Templo, como Jim McElvane, trataban de tranquilizar a la gente, la realidad era clara: la mayoría no eligió morir, sino que fue asesinada bajo el mando de Jones.
Jones mismo no se suicidó con cianuro; se disparó en la cabeza. La organización sobrevivió brevemente, pero el 3 de diciembre de 1979 se celebró su última misa con solo 30 asistentes y, tres días después, se solicitó su disolución formal.
Imagen del Templo del Pueblo en su apogeo.
Logo del Templo del Pueblo.
Memorial de Jonestown, con lápidas que recuerdan a las víctimas.