El rey Krak, fundador de Cracovia, habría creado un poderoso Estado, combatido a Roma y a los galos y, con la ayuda de sus hijos, vencido a un temible dragón. ¿Son estos hechos históricos o simples invenciones del cronista Wincenty Kadłubek?
Para intentar responder, repasemos lo que Kadłubek escribió sobre Krak. Según el cronista, el gran gobernante empezó como comandante de tropas eslavas (pro‑polacas) que derrotaron a los romanos y luego a los galos en Panonia. Tras regresar victorioso, fue elegido rey.
El reinado de Krak fue prudente y justo: aumentó la propiedad estatal, reforzó el poder central y promulgó leyes sabias. Todo marchaba bien hasta que, según la crónica, una bestia se instaló al pie del monte Wawel.
El devorador de todo
El cronista relata:
«Había un monstruo tan feroz que algunos lo llamaban devorador de todo. Gracch (Krak), incapaz de aceptar tal derrota, convocó en secreto a sus hijos, les explicó la amenaza y les pidió que idearan un plan.»
Los hijos, ante la imposibilidad de vencer al monstruo con fuerza, recurrieron al engaño: colocaron pieles de bovino rellenas de azufre encendido en el lugar donde la criatura se alimentaba. El monstruo, al tragarlo, se asfixió con las llamas.
Tras la victoria, surgió una rivalidad entre los hermanos: el hijo menor mató al mayor y, aunque su padre lo aceptó como vencedor, pronto fue desterrado por el fratricidio.
Kadłubek añade que sobre la roca del devorador se fundó la famosa ciudad, llamada Gracchovia en honor a Gracch, y que el nombre Kraków proviene del graznido de los cuervos que se posaron sobre el cadáver del monstruo.
Krak y Krok
¿Qué dice la historia? Ningún historiador contemporáneo menciona las supuestas guerras de Krak contra Roma o los galos. Los primeros documentos sobre Cracovia datan del siglo X, aproximadamente mil años después de los hechos narrados, y fueron escritos por el mercader judío Ibrahim ibn Jakub, quien describió la ciudad como rica y situada en la encrucijada de rutas comerciales.
Un posible vínculo aparece en la crónica checa de Cosme de Praga, que menciona a un rey llamado Krok. En el siglo XVI, el cronista checo Václav Hájek situó a Krok a finales del siglo VII, y el historiador polaco Jan Długosz consideró que Krok y Krak podrían ser la misma figura.
Los croatas blancos
Los cronistas medievales describen a la tribu que habitaba la cuenca del Alto Vístula, donde se encontraba el castillo de Cracovia, como los croatas blancos. El emperador bizantino Constantino Porfirogénito relata que, en el siglo VII, un gran grupo de guerreros eslavos de "Croacia Blanca" respondió al llamado del emperador Heraclio para luchar contra los ávaros.
Muchos historiadores sitúan esa "Croacia Blanca" en la actual Pequeña Polonia, identificando a los croatas blancos con los vistulanos.
Príncipe del Vístula
Algunas fuentes, como la obra de San Metodio, mencionan a un príncipe pagano del Vístula que persiguió a los cristianos en la segunda mitad del siglo IX y que, tras ser derrotado, se convirtió al cristianismo. Algunos investigadores han intentado asociar a ese príncipe, posiblemente llamado Wysz o Wyszesław, con el legendario Krak, aunque la evidencia es escasa.
El túmulo de Krak
El llamado Túmulo de Krak, situado en la región de Małopolska, ha sido objeto de numerosas excavaciones. Los estudios indican una posible construcción entre los siglos VII y VIII, con hallazgos como una férula de estilo ávaro, monedas y fragmentos de cerámica. Sin embargo, nunca se ha encontrado evidencia de que el propio Krak esté enterrado allí.
Algunos especialistas sugieren que el túmulo pudo haber sido una tumba celta o incluso un observatorio astronómico primitivo, pero su origen sigue sin resolverse.
En conclusión, la figura de Krak combina mito, tradición oral y escasas referencias históricas. La falta de fuentes contemporáneas hace que su existencia real siga siendo un misterio que invita a seguir investigando.