Cuidado corporal en la Roma antigua
En la Roma clásica, el cuidado del cuerpo —entendido como higiene personal y buen estado físico— era una práctica cotidiana. Los romanos se bañaban con regularidad, practicaban deportes y, a diferencia de otras culturas de la época, disfrutaban perfumándose después de cada actividad.
Los ungüentos perfumados
A partir del siglo II a.C., comenzaron a popularizarse los ungüentos o aceites aromáticos. Estas preparaciones a base de aceite se aplicaban con masajes para nutrir, hidratar y suavizar la piel, al tiempo que impregnaban el cuerpo de una fragancia duradera.
Los ingredientes más habituales eran aceite de oliva, almendra, rosa y nogal. Cada uno aportaba propiedades específicas: el de oliva como base hidratante, la almendra para suavizar, la rosa por su aroma y el nogal por sus cualidades curativas.
Los ungüentos cumplían una doble función:
- Cosmética: mejoraban la textura y el aspecto de la piel.
- Sanadora: sus componentes favorecían la recuperación de pequeñas irritaciones y resequedad.
Generalmente se guardaban en frascos de alabastro o cerámica y se aplicaban después del baño o antes de asistir a eventos sociales, garantizando que el aroma permaneciera durante horas.