
Contexto histórico
En la antigua Roma la prostitución no estaba limitada a las mujeres. Dentro del amplio y desenfrenado panorama sexual de la Urbe, la prostitución masculina ocupaba un lugar visible y, en muchos casos, exclusivo.
Coste y clientela
A diferencia de sus homólogas femeninas, los amantes masculinos eran mucho más caros. Según Cayo Catón el Censor, algunos ciudadanos "depravados" pagaban sumas equivalentes al precio de una granja para disfrutar de los servicios de jóvenes atractivos. Este alto coste convertía la práctica en un lujo reservado a quienes contaban con recursos económicos considerables.
Roles y percepciones sociales
En la cultura romana lo esencial no era la orientación sexual sino el rol desempeñado en la relación. El papel activo y dominante era aceptado, mientras que el pasivo era objeto de burla y desprecio. Un ejemplo famoso es la supuesta relación entre Julio César y Nicomedes de Bitinia, que ilustra cómo la pasividad podía dañar la reputación.
Esclavos como compañeros
Para evitar la humillación social, un ciudadano respetable que buscara un amante masculino debía recurrir a un esclavo. Esta solución le permitía mantener la posición activa sin el riesgo de ser ridiculizado.
Fuentes: Suburra, barrio de luces rojas, Prostituta de la antica Roma, Bisexualidad de Julio César, Reglas de la homosexualidad en Roma.