historia historica

No solo kamikazes: el amplio arsenal de armas suicidas japonesas

Introducción

Los pilotos japoneses conocidos como "kamikazes" se lanzaban al ataque contra buques estadounidenses, sacrificando su vida por el emperador y la patria. Ante la presión de la ofensiva aliada, Japón amplió su arsenal de armas suicidas: aviones, botes explosivos, torpedos tripulados, tanques cargados de explosivos y hasta cinturones con carga explosiva, los llamados shahid belts.

Japón en defensa

Desde 1943 los Aliados empezaron a ganar terreno en el Pacífico. Tras la derrota de tres portaaviones japoneses en la Batalla del Mar de Filipinas (1944), el mando japonés autorizó la creación de unidades de ataque voluntario. Los kamikazes fueron diseñados con explosivos potentes para causar la mayor destrucción posible al impactar contra los buques enemigos.

El concepto de kamikaze

La palabra "kamikaze" significa "viento divino" y hace referencia a los tifones que destruyeron las flotas mongolas en 1274 y 1281. Los generales japoneses esperaban que sus pilotos replicaran ese milagro, borrando la flota estadounidense del mar.

El nombre oficial de estas unidades era Shinpū Tokubetsu Kōgekitai (Escuadrón de Ataque Especial del Viento Divino). El primer ataque reconocido fue el del teniente Yukio Seki el 25 de octubre de 1944, cuando su avión hundió el portaaviones USS St. Lo.

Más allá del aire: armas suicidas terrestres y marítimas

El arsenal se extendió a:

  • Toros suicidas (Kaiten): torpedos tripulados lanzados desde submarinos.
  • Botes explosivos (Shinyo): pequeñas embarcaciones con 300 kg de explosivos, impulsadas por motores de coche.
  • Tanques kamikaze: tanques Tipo 97 y 95 equipados con cargas explosivas en la parte frontal.
  • Soldados con cinturones explosivos (cinturones “shahid”).
  • Fukuryū: buzos suicidas que llevaban minas en largas pértigas para detonar bajo los cascos de los barcos.

Bombas voladoras MXY7 Ohka

El "Okha" era un bombardeo guiado con motor a reacción que alcanzaba los 950 km/h en picado. Transportado bajo un bombardero G4M2e "Betty", el piloto se lanzaba y dirigía la carga de 1 200 kg de explosivo contra la proa o el costado de un buque. La mayoría de estos dispositivos fueron destruidos antes de llegar a su objetivo gracias al control aéreo aliado.

Operaciones terrestres y nocturnas

En Iwo‑Jima, Okinawa y Filipinas los japoneses realizaron ataques nocturnos con soldados equipados con minas de 10 kg en pértigas, ataques con bayonetas y el temido "Nikkau" (human mines) que se sacrificaban bajo las pistas de los tanques.

Los marines estadounidenses combatieron estos ataques con perros guardianes y fuego de ametralladoras, pero aún así sufrieron cientos de bajas en combates nocturnos.

Efectividad y legado

En total, los kamikazes causaron la pérdida de 56 buques y dañaron 368 más; los demás dispositivos suicidas hundieron alrededor de 30 embarcaciones. Aunque su impacto militar fue limitado, el efecto psicológico y propagandístico fue enorme, influyendo en la decisión estadounidense de emplear las bombas atómicas para evitar una invasión terrestre que, según estimaciones, podría haber costado millones de vidas.

El último kamikaze

El almirante Matome Ugaki, uno de los creadores de las unidades suicidas, realizó su último ataque el 15 de agosto de 1945, sin lograr dañar a la flota estadounidense. Ese mismo día Japón se rindió, poniendo fin a la era de los ataques kamikaze.

El estudio de estas armas revela la desesperación de un Japón que, al borde de la derrota, recurrió a la muerte voluntaria como último recurso para intentar frenar la avance aliado.