Las cortesanas del siglo XVI, además de lucir un estilo inconfundible, dedicaban cuidados estéticos minuciosos a sus partes íntimas, “vestiéndolas” de forma original.
El generoso décolleté de estas audaces damas se resaltaba con escotes profundos que llegaban hasta el ombligo, mientras sus pechos estaban cubiertos por una capa espesa de cerusa, una pasta a base de plomo blanco, o una mezcla de caracoles, alcanfor, grasa de cerdo y leche de cabra.
El detalle no terminaba allí: un toque de pasta color carmín, a juego con los labios, se aplicaba en los pezones.
¿Y el pubis, principal arma de seducción? La depilación no era una moda en la época; en su lugar, se entrelazaban finas cintas de seda con el vello, creando un adorno delicado.