Un macabro ritual en la década de los 90
En 1999, dos adolescentes de Silesia con una obsesión ingenua por la magia negra y el ocultismo llevaron su fascinación a un crimen espantoso. En el sótano de un bunker militar, organizaron una misa negra y asesinaron a dos de sus compañeros con cuchillos, con la intención de ofrecer un sacrificio a Satanás y, posteriormente, suicidarse.
El contexto cultural
Los años noventa fueron la época dorada del metal extremo – black, death y doom metal – y muchos músicos admitían inspirarse en el ocultismo. En Polonia, el metal era una puerta de entrada al interés por la biblia satánica de Anton Szandor LaVey y otras publicaciones “prohibidas”.
En el barrio de Halemba, en la ciudad de Ruda Śląska, surgió un pequeño grupo de jóvenes que buscaba experimentar con lo oscuro. Su punto de encuentro era el bunker nº 44, donde se mezclaban símbolos satánicos, alcohol, drogas y sexo grupal, acompañados de rituales improvisados que pretendían “saborear” la oscuridad.
Los protagonistas
El autodenominado "maestro de ceremonias" era Tomasz S., de 21 años, quien llevaba un mazo de cartas con frases en latín, pintaba símbolos satánicos y, según él, invocaba demonios. Su mejor amigo, Robert K., de 18 años, actuaba como su asistente.
Tomasz se hacía llamar "Adam", aludiendo al primer hombre expulsado del Edén, y propuso a Robert un sacrificio humano para ganarse el favor del “rey de las tinieblas”. El plan se centró en Kamil W., de 18 años, y Karina M., de 19, estudiante que había regresado de Londres para visitar a su familia.
La noche del 2/3 de marzo de 1999
El bunker fue preparado con velas, un pentagrama en el suelo y símbolos satánicos: una cruz invertida, la cifra 666 y varios letreros en latín traducidos de forma torpe. Tomasz obligó a Karina y Kamil a arrodillarse dentro del pentagrama, mientras él y Robert recitaban invocaciones.
De pronto, ambos sacaron cuchillos. Robert apuñaló a Kamil, que cayó sorprendido. Tomasz, a su vez, atacó a Karina, quien intentó defenderse agarrando la hoja, pero recibió una serie de puñaladas que le perforaron músculos y órganos.
Después del brutal ataque, los asesinos intentaron quemar los cuerpos y, según su propio relato, planeaban suicidarse para completar el ritual. Sin embargo, el pánico los paralizó; Robert huyó del sitio, y Tomasz, herido en el abdomen, fue detenido cuando la familia de la víctima alertó a la policía.
El juicio y la condena
Ambos confesaron el crimen. En el tribunal, Robert pidió perdón a los padres de Karina y declaró haber sido creyente; Tomasz también habló de fe en Dios y afirmó que mató para “ver lo que hay al otro lado”.
El 31 de marzo de 2000, el Tribunal de Distrito de Katowice condenó a Tomasz S. a cadena perpetua y a Robert K. a 25 años de prisión. El bunker, conocido como “el bunker de Satanás”, quedó clausurado, aunque sigue siendo un imán para curiosos, investigadores paranormales y amantes de lo macabro.
Cobertura mediática
- "Alarma": Sexo, drogas, satanismo y crimen – 1/8/2019
- Ruda Śląska: una víctima de Satanás – True Stories, Crime + Investigation Polsat