El descubrimiento que encendió una moda
A principios del siglo XX, tras el hallazgo de un nuevo elemento por Marie Curie y su esposo Pierre, el mundo se fascinó con el radio. En 1898, Antoine Henri Becquerel había demostrado la radiactividad del uranio; dos años después, Curie concluyó que debía existir otro factor radiactivo en los minerales uraníferos. Así nació el radio, llamado así por su brillantez propia.
El radio emitía una luz azulada en la oscuridad, calentaba los frascos y transformaba el oxígeno en ozono. Estas propiedades "casi mágicas" lo convirtieron rápidamente en un supuesto remedio universal: se creía que curaba enfermedades, retrasaba el envejecimiento y mejoraba la belleza femenina.
Las "chicas del radio"
El propio Pierre Curie, intrigado por los efectos del radio, se expuso a cloruro de radio durante diez horas. El resultado fue una quemadura que tardó más de un mes en curarse, pero el incidente pasó casi desapercibido. En los Estados Unidos, la empresa Radium Corporation fabricaba relojes y esferas luminosas usando pintura radiactiva. Los empleados, en su mayoría mujeres, limpiaban los pinceles lamiéndolos para afinar la punta, inhalando y absorbiendo el radio día tras día.
El coste fue trágico: pronto aparecieron casos de dolor dental, fracturas óseas, artritis y tumores malignos. La compañía intentó ocultar la toxicidad del material, pero una serie de demandas obligó a cambiar los procesos y a pagar indemnizaciones millonarias.

Cosméticos y tratamientos milagrosos
El radio también se convirtió en ingrediente de productos de belleza. En 1930, Alfred Curie (sin relación familiar con los científicos) patentó la "Crema Tho‑Radium", que contenía 0,5 g de cloruro de torio y 0,25 mg de bromuro de radio por cada 100 g de producto. La empresa SECOR lanzó una línea completa: cremas, polvos, jabones e incluso pasta de dientes, todos promocionados como rejuvenecedores.
En el Reino Unido, la compañía Radior ofrecía cremas faciales cuya radiactividad duraba hasta 20 años. En Pittsburgh, la Radium Chemical Company comercializó mascarillas faciales radiactivas y corsés de radio, supuestamente adelgazantes y tonificantes, que bastaba usar 20 minutos al día.

Una panacea radioactiva
Aunque los casos de intoxicación se multiplicaban, la fe en los poderes curativos del radio persistía. Se incorporó a la fabricación de:
- Ropa de bebé de lana impregnada de radio.
- Supositorios vaginales.
- Pastillas para el dolor de cabeza.
- Juguetes como "el pequeño químico" con muestras radiactivas.
- Condones anunciados como "rayos X".
Incluso en oncología se usó el radio, aunque la alta dosis resultó más dañina que terapéutica. Hasta la década de 1970 se recomendaba a niños con amigdalitis tratamientos radiactivos.

Legado y uso actual
Marie Curie, quien descubrió el radio, falleció de anemia aplásica, una enfermedad vinculada a la exposición prolongada a la radiación. Hoy sabemos que el radio es uno de los elementos más radiactivos y peligrosos: provoca úlceras, daños en dientes y huesos, y aumenta el riesgo de cáncer.
Actualmente, su uso está limitado a la investigación en física atómica, la fabricación de relojes atómicos, óptica especializada y radiografía industrial. El uso masivo en productos cotidianos pertenece al pasado, una lección sobre los riesgos de la fascinación desmedida por lo nuevo.
Bibliografía
- Denis Brian, The Curie Family, Warsaw: Amber, 2006.
- Józef Hurwic, Maria Skłodowska‑Curie and Radioactivity, Warsaw: Zofia Sobkowska Educational Publishing House, 2008.
- Susan Quinn, The Life of Marie Curie, Warsaw: Prószyński i S‑ka, 1997.