Infancia y origen aristocrático
El futuro autor de Zemsta nació el 20 de junio de 1793 en Surochów, cerca de Jarosław, en el seno de una familia noble acomodada. Era hijo de Jacek Fredro y Marianna Dembińska. Los dominios familiares incluían los castillos de Rudki, Beńkowa Wisznia, Nowosiółek, Rabba y Cisna.
A diferencia de lo que se podría esperar, Alejandro no pasó su juventud trabajando en la finca familiar. Se trasladó a Lviv, donde, junto a sus hermanos, disfrutó de la vida de libertino y ganó gran popularidad entre las damas de la ciudad, sobre todo entre aquellas casadas y descontentas con sus matrimonios.
Los gustos amorosos del joven Fredro
Los hermanos Aleksander y Seweryn Fredro se sentían como peces en el agua en la animada Lviv, una ciudad impregnada del fervor patriótico provocado por la lucha contra el dominio extranjero bajo el mando de Napoleón y el príncipe Pepi. Ese ambiente atrajo tanto a vírgenes como a mujeres casadas, como señaló Nakwaska: "Muchos valores de la fidelidad conyugal y la virginidad cayeron víctimas del fervor patriótico".
Según los testimonios de la época, a Fredro le atraían las mujeres de figura curvilínea, pero no excesivamente corpulentas. Valoraba los glúteos redondos, los muslos firmes y los pechos "alegremente oscilantes", sin necesidad de perfección absoluta.
En sus cartas describía con desdén a los habitantes de Viena, a quienes llamaba "lanzagranadas torcidos, sucios y apestosos". Prefería a las rubias sobre las morenas y apreciaba la coquetería, el buen humor y la inteligencia en la mujer, sin excesos de moda.
Como seductor experimentado, prefería a las mujeres casadas, convencido de que "el año cuarenta cierra la puerta a la locura del hombre y abre la de la mujer".
Poesía que hacía crujir los oídos
Los hermanos Fredro se convirtieron en figuras centrales de los salones de Lviv, generando tanto admiración como escándalo. Según Kaczkowski, "teníamos que escondernos de ellos, pues sus poemas hacían crujir los oídos incluso de los mayores".
Entre sus obras más controvertidas destacan El arte de la captura (1817) y Piczomira, reina de Branlomanía, piezas de tono satírico y a veces pornográfico que no serían aptas para la escuela.
Aunque esas obras escandalosas formaron parte de su repertorio, Fredro también incursionó en la comedia. En 1817 se estrenó Intrigante en Lviv, que más tarde se transformó en la opereta Nuevo Don Quijote, o cien locuras, con música de Stanisław Moniuszko.
El inesperado desafío de la apuesta
A finales de 1818, los amigos de Fredro le lanzaron una apuesta: conquistar a la bella y casada Zofia Skarbkowa en menos de seis meses. Zofia, hija de Jabłonowski, llevaba un año de matrimonio desdichado y era conocida por su inteligencia, su agudeza y su atractivo.
El conde aceptó el reto, pero pronto descubrió que la joven no era un objetivo fácil. Los testimonios de Ludwik Jabłonowski describen a Fredro como de estatura media, complexión robusta, rostro marcado y una mirada gris que delataba cierta hipocondría.
Lo irónico fue que, mientras intentaba seducir a Zofia, el propio Fredro se enamoró de ella. La apuesta se convirtió en una trampa emocional: el seductor experimentado cayó en sus propias redes.
Tormentos amorosos del dramaturgo
Al principio, Fredro no se atrevía a imaginar que Zofia correspondiera sus sentimientos. Con el tiempo, sin embargo, ella también se enamoró y estuvo dispuesta a abandonar a su marido, Stanisław Skarbek. La oposición familiar fue enorme; la familia Jabłonowski se opuso firmemente a la anulación.
Los amantes se reunieron en Lubień bajo la apariencia de una partida de cartas, jugando al "zapato". Zofia transformó una moneda en un anillo de cobre con la inscripción "No aquí, allí", simbolizando su promesa de unión más allá de la vida terrenal.
Entre 1819 y 1820, la depresión invadió a Fredro, quien confesó pensamientos suicidas a un amigo. Sólo en 1825, impulsada por Zofia, se inició el proceso de anulación del matrimonio de ella, que se prolongó hasta 1828 bajo la jurisdicción del Imperio austrohúngaro.
Durante esos años difíciles, la escritura se convirtió en su salvación. Obras como El marido y la mujer (1822), Extranjero (1824) y Damas y húsares (1825) nacieron en medio de la espera.
El final feliz
El 27 de octubre de 1828, un decreto imperial declaró nulo el matrimonio de Zofia y Stanisław Skarbek por insuficiente número de proclamas previas. Con la sentencia, Alejandro sintió que le crecían alas y, diez años después de la apuesta, le propuso matrimonio a Zofia, quien aceptó.
La boda se celebró el 9 de noviembre de 1828. La pareja disfrutó de una vida armoniosa y feliz durante cuarenta y ocho años, hasta la muerte de Alejandro en 1876.
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Fuente
Extracto del libro "Życie i romanse polskich arystokratów" de Iwona Kienzler, publicado por Bellona.