Un hábito poco conocido
Marilyn Monroe, ícono del cine y de la feminidad, cuidaba su figura con recursos tan ingeniosos como simples. Entre sus trucos más curiosos, guardaba la lencería —sujetadores y bragas— en el congelador antes de ponersela.
¿Por qué la congelaba?
El frío del tejido producía un efecto inmediato de tonicidad y compresión sobre la piel. Al ponerse la prenda helada, la temperatura bajaba la superficie cutánea, lo que ayudaba a tensar la zona del escote y a realzar la forma de sus pechos, que eran una de sus principales señas de identidad.
Cómo lo hacía
Según testimonios de la época, Marilyn mantenía la lencería en el congelador al menos media hora antes de usarla. El contacto con la ropa helada proporcionaba una sensación de frescura que, además de ser placentera, servía como un “tensor” natural sin necesidad de intervenciones quirúrgicas, que entonces eran poco comunes.
Un secreto al alcance de todos
Lejos de ser un método exclusivo, cualquier persona podía replicar este truco con los recursos que tenía en casa. En una época en la que la cirugía estética aún no estaba tan extendida, el sencillo hábito de Monroe mostraba cómo la creatividad podía convertirse en una herramienta de belleza.
Hoy el relato de la lencería congelada forma parte del mito de la actriz, alimentando la imagen de una femme fatale que combinaba sensualidad y astucia.