Hiroo Onoda fue un oficial del Ejército Imperial Japonés que se hizo famoso por permanecer en combate durante 29 años después del fin oficial de la Segunda Guerra Mundial.
¿Quién es Hiroo Onoda?
Nacido en 1922, Onoda ingresó al ejército a los veinte años. Era un joven patriótico que, tras el estallido del conflicto, fue reclutado por la unidad de inteligencia de Nakano y entrenado en técnicas de espionaje y guerrilla.
La misión en la isla de Lubang
En 1944 su batallón fue enviado a la pequeña isla filipina de Lubang con la orden de impedir el avance aliado. A Onoda se le prohibió rotundamente rendirse y se le instruyó que continuara la resistencia “hasta nuevo aviso”. Cuando en febrero de 1945 los estadounidenses lanzaron una gran ofensiva, él y tres compañeros se refugiaron en la montaña.
Años de aislamiento
Los oficiales japoneses de la isla se rindieron, pero Onoda y sus compañeros decidieron permanecer ocultos. Vivieron de la caza, los frutos del bosque y, según sus propios relatos, incluso de la corteza de los árboles. Ignoraron los panfletos, aviones y cartas que les llegaban, convencidos de que se trataba de una trampa enemiga.
En 1949 uno de los tres abandonó la isla y regresó a Japón. Los dos restantes siguieron resistiendo hasta que, en 1972, el último compañero falleció, dejando a Onoda completamente solo.
El rescate
En 1974 el estudiante japonés Norio Suzuki, fascinado por la historia del soldado, se internó en la selva de Lubang y logró localizar a Onoda. Onoda todavía llevaba su uniforme y su arma, y se mostró reacio a aceptar que la guerra había terminado.
Suzuki viajó a Japón y localizó al antiguo comandante de Onoda, el teniente coronel Yoshimi Taniguchi, quien ya trabajaba como vendedor ambulante. Taniguchi envió una carta a Onoda ordenándole que cesara todas las actividades y se presentara para su rendición. Al recibir la orden, Onoda bajó su fusil, se entregó a las autoridades filipinas y regresó a Japón.
Vida después de la guerra
Al volver a su país fue recibido como un héroe; recibió medallas y reconocimientos por su lealtad y disciplina. En 1975 se trasladó a Brasil, donde trabajó como agricultor. Más tarde escribió su autobiografía, “No me rendí”, y en 1996 donó una importante suma de dinero para la construcción de una escuela primaria en Lubang.
La historia de Hiroo Onoda sigue siendo un ejemplo extremo de obediencia militar y del poder de la propaganda.
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