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Lucrecia Borgia: ¿Santo o vilipendiada? La verdadera imagen de la hija del Papa

¿Por qué los contemporáneos veían a Lucrecia Borgia como una santa y por qué creemos fácilmente en los libelos contra ella? He aquí datos poco conocidos de la vida de la hija del Papa.

Lucrecia Borgia (1480‑1519) no goza de buena reputación. Mario Puzo, autor de El Padrino, comparó a su familia con una mafia tan despiadada como la de Corleone. Aunque los historiadores intentan matizar la imagen de la hija del pontífice desde mediados del XIX, muchos aspectos de su vida siguen siendo desconocidos.

Vicaria y dama respetada de Roma

Lucrecia tuvo su primera oportunidad de brillar cuando su padre, el Papa Alejandro VI, abandonó la Ciudad Eterna durante un mes y delegó el poder en sus manos. Con apenas 20 años, no sólo soportó la carga, sino que gestionó eficazmente los asuntos, mostrando voluntad e iniciativa propias.

Se le encargó la apertura de toda correspondencia, salvo la estrictamente eclesiástica, y pudo decidir de forma autónoma sobre los asuntos de Roma. Un ejemplo es la concesión de autonomía y numerosos privilegios a las monjas de Buon Soccorso.

Lucrecia Borgia: ¿Santo o vilipendiada? La verdadera imagen de la hija del Papa

Como relata Dario Fo en Las hijas del Papa:

Los cardenales quedaron fascinados y embriagados por sus palabras. Más aún, no podían creer que una joven, al leer una carta de una comunidad de mujeres devotas, demostrara cuál era el verdadero deber de los altos sacerdotes.

Lucrecia también gobernó Spoleto y Foligno, y el 1 de enero de 1500 encabezó la procesión jubilaria a la Basílica de San Juan de Laterano, una señal clara de que no era una simple pieza del juego borgoñón.

Lucrecia Borgia: ¿Santo o vilipendiada? La verdadera imagen de la hija del Papa

Su marido, Alfonso I d'Este, podía partir a la guerra confiado en que ella administraría Ferrara con maestría.

En Ferrara, la hija del Papa gobernó en nombre de su tercer esposo, Alfonso d'Este, mientras él dirigía las fuerzas de la Liga de Cambrai. Su sabiduría y dulzura fueron apreciadas tanto por el duque como por la ciudadanía, que la defendía incluso en tiempos de conflicto.

Protectora de los oprimidos

Antes de llegar a Ferrara, su suegro, Hércules d'Este, le confió la dirección del aparato de justicia del principado. Como cabeza del tribunal, se ocupó principalmente de apelaciones y peticiones de intercesión, realizando su labor con meticulosidad.

Entre sus logros destaca la absolución del Marqués de Mantua en un caso de asesinato; aunque la jurisdicción no le correspondía, pagó a investigadores y abogados de su propio bolsillo para lograr la reconciliación.

Lucrecia también repartía limosnas, vendía sus joyas para alimentar a los pobres y, ante la devastación de la guerra en el valle del Po, fundó bancos piadosos que concedían préstamos sin intereses, inspirada por las cartas de Santa Catalina y San Bernardo de Siena.

«Hay un gran número de villanos que practican la usura. La usura es peor que la peste; presta al treinta por ciento y arruina familias. Crearemos un banco piadoso para que no sean los usureros los que vacíen sus bolsillos.»

Dicha piadosa de la Iglesia corrupta

Contrario a la creencia de que su transformación comenzó en Ferrara, Lucrecia ya había expresado su desilusión tras el intento de asesinato de su segundo esposo, Alfonso de Aragón, y la violación de César Borgia a su cuñada, Sancha. Declaró que preferiría vivir en un convento antes que en ese mundo cruel.

Lucrecia Borgia: ¿Santo o vilipendiada? La verdadera imagen de la hija del Papa

Cuando Alejandro VI, bajo la presión de los acontecimientos, intentó reformar la Iglesia, Lucrecia fue la primera en apoyar su proyecto y comunicó la iniciativa a las monjas bajo su protección.

«Te odiaba, padre, por lo que eras, pero ahora siento un amor que no conocía. Continúa sin descanso la reforma; no decepciones la confianza de miles que esperan el milagro de una Iglesia verdaderamente santa.»

Aunque el plan fracasó y el Papa volvió a sus viejos hábitos, Lucrecia asistía a misa diariamente, confesaba con frecuencia y recibía la comunión, ganándose el apodo de tesoro de virtudes femeninas. En 1509, dos años después de la muerte de su hermano César, empezó a usar discretamente una capa de cabello como símbolo de penitencia.

Lucrecia Borgia: ¿Santo o vilipendiada? La verdadera imagen de la hija del Papa

En 1518, a instancias de Ludovica della Torre, ingresó en la Tercera Orden Franciscana, reforzando su imagen de devota, complementada por su aspecto angelical y su larga melena rubia.

La perla del mundo

El caballero francés Pierre Terrail de Bayard la describió como «una perla de este mundo», resaltando su belleza, cortesía y bondad. A pesar de su piedad, Lucrecia no se privó de los placeres terrenales: poesía, pintura (especialmente obras de Hieronymus Bosch) y relatos de cuentos de hadas, a veces con matices eróticos.

Mantuvo una estrecha relación con el humanista y futuro secretario de León X, Pietro Bembo, con quien se dice tuvo una aventura. Estas pasiones le ofrecieron consuelo frente al dolor y la desesperación.

Lucrecia Borgia: ¿Santo o vilipendiada? La verdadera imagen de la hija del Papa

Al morir de fiebre posparto, escribió una carta a León X:

«En este momento, como cristiana aunque pecadora, imploro a Su Santidad que interceda por mi alma con su bendición santa.»

Aunque realizó muchas obras piadosas, Lucrecia temía por su salvación. Sus detractores la catalogaron como bruja renacentista y prostituta clerical, comparándola con Santa Taíd, patrona de las prostitutas. Esa imagen persiste en la cultura popular y aún espera una rehabilitación histórica.