Introducción
Los juicios por ordalía y por combate fueron dos formas medievales de determinar la culpabilidad o inocencia. La ordalía obligaba al acusado a superar una prueba peligrosa, como caminar sobre brasas o sumergirse en agua; el combate consistía en una pelea entre dos contendientes, declarando inocente al vencedor.
Motivos de su desaparición
Falta de fiabilidad
Ambos métodos dependían de supuestos sobrenaturales o de la fuerza física, no de pruebas objetivas. En la ordalía se creía que Dios protegería al inocente, pero esto no siempre ocurría. En el combate, el resultado reflejaba la destreza o la fuerza de los luchadores, no su culpabilidad.
Injusticia
El acusado era obligado a enfrentar pruebas dolorosas o a luchar sin entrenamiento, lo que ponía a los inocentes en desventaja clara.
Inhumanidad
Las pruebas podían causar lesiones graves o la muerte, y los combates a menudo eran mortales, lo que las hacía crueles e inaceptables.
El fin de los juicios arcaicos
Con la expansión de la Ilustración, la sociedad europea empezó a cuestionar la legitimidad de estos sistemas. A finales del siglo XVIII, la mayoría de los países europeos habían abolido la ordalía y el combate, sustituyéndolos por un sistema judicial basado en pruebas y testimonios.