Si Estados Unidos no hubiera lanzado las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, la Segunda Guerra Mundial probablemente habría continuado varios meses más, provocando un número mucho mayor de víctimas.
Bombardeo aliado continuado
Sin el recurso nuclear, los Aliados habrían mantenido su campaña de bombardeos convencionales sobre Japón. La destrucción y el número de civiles muertos habrían aumentado, aunque es dudoso que esa presión sola obligara a Japón a rendirse.
Invasión de Japón
Una alternativa habría sido una invasión terrestre, conocida como Operación Downfall. Se preveían cientos de miles de bajas aliadas y una lucha encarnizada, como ya mostró la sangrienta batalla de Okinawa en abril de 1945.
Guerra prolongada
El retraso en la rendición habría alargado el conflicto, generando sufrimiento tanto para la población japonesa como para los países aliados. Además de los combates, millones podrían haber muerto por hambre, enfermedades y el colapso de la infraestructura.
Intervención soviética
Ante una guerra sin fin rápido, la Unión Soviética habría podido intensificar su participación en el teatro del Pacífico, alterando el equilibrio de poder y aumentando el riesgo de una escalada mayor.
Presión diplomática
Los esfuerzos diplomáticos para obligar a Japón a capitular se habrían intensificado, con sanciones económicas, bloqueos navales y ultimátums. Sin embargo, la firmeza del liderazgo japonés hacía incierta la efectividad de la presión solo.
Conclusión
La decisión de usar las bombas atómicas sigue siendo polémica: acortó la guerra pero a un alto costo humano y moral. Los escenarios contrafactuales ofrecen una visión de alternativas posibles, aunque siempre con gran incertidumbre.