Contexto histórico
María I de Inglaterra, conocida como "Bloody Mary", reinó entre 1553 y 1558. Era una ferviente católica que heredó un país profundamente dividido tras la Reforma protestante iniciada por su padre Enrique VIII y consolidada bajo su medio hermano Eduardo VI.
Motivaciones religiosas y políticas
María consideraba la herejía protestante un delito grave que amenazaba tanto la fe católica como la autoridad real. Creía que la unidad religiosa era esencial para la estabilidad del reino y, por ello, utilizó el aparato estatal para reprimir cualquier forma de protestantismo.
La persecución (1555‑1558)
Durante los últimos años de su reinado, María impulsó una política de persecución sistemática. Se establecieron tribunales eclesiásticos que condenaban a muerte a los protestantes que se negaban a volver al catolicismo. Entre 1555 y 1558, se calcula que más de 300 personas fueron quemadas en la hoguera, entre nobles, clérigos y plebeyos.
Consecuencias y legado
Aunque la intención de María era erradicar el protestantismo, sus medidas resultaron contraproducentes. La brutalidad de las ejecuciones generó simpatía hacia la causa protestante y reforzó la resistencia contra la imposición católica. Tras su muerte en 1558, su hermanastra Isabel I restauró el protestantismo, que con el tiempo se consolidó como la religión dominante en Inglaterra.
En resumen, la quema de protestantes bajo el reinado de María Tudor fue una expresión extrema de su devoción católica y de su deseo de mantener el control político, pero fracasó en detener la expansión del protestantismo.